El cooperativismo sueco en los años veinte

Historia

Gracias al corresponsal escandinavo de El Socialista, el lector español pudo hacerse una idea del movimiento cooperativo en Suecia. Carl Angel Andersen visitó Suecia en agosto de 1927, y remitió a Madrid una crónica de lo que allí vio en relación con esta materia. El material enviado nos permite comprobar la potencia del cooperativismo en este país nórdico.

 

El movimiento cooperativo sueco tenía su principal desarrollo en las ciudades, y especialmente entre los obreros. El eje era la Unión de Consumidores, a la que estaban adheridas hasta 900 Uniones, con un intercambio económico de cien millones de coronas anuales. La organización abarcaba los siguientes sectores: especiería, mercería, panaderías, carnicerías, manufacturas, construcción de casas, cajas de ahorro y establecimientos de seguros. Estas Uniones agrupaban al 1’5% de toda la población de Suecia.

Andersen explicaba que esta formidable organización no se había conseguido sin luchas, ya que tanto las Uniones locales como la principal se habían topado con fuertes resistencias ante sus esfuerzos por abaratar los precios, aunque su fuerza había permitido avanzar. Las cooperativas habían conseguido en muchas ocasiones que los precios bajasen, como el caso de la margarina gracias a la fábrica de Norrkóping.

En relación con la organización, la Unión principal contaba con una oficina central que seguía de cerca todas las ramificaciones, es decir, que tenía un conocimiento bastante exacto de lo que ocurría en todas las cooperativas. Se fiscalizaba el intercambio mensual y se llevaban estadísticas muy detalladas del movimiento, un aspecto que parecía fundamental para conocer la evolución de las cooperativas con el fin de poder corregir fallos o plantear cambios en los momentos en los que no iban bien económicamente. Es curioso destacar que cuando los ensayos de mejora no funcionaban se decidía abandonar la empresa. Los cooperativistas suecos tenían muy claro que solamente se mantenían negocios que rindieran, lo que permitía no tener pérdidas y, por lo tanto, un desarrollo evidente, que posibilitaba generar fondos de reserva y capitales.

La organización principal levantaba sus propios edificios y despachos. Contaba con una veintena de arquitectos que proyectaban las fábricas, almacenes, tiendas, etc. Al parecer, la arquitectura que se desarrollaba buscaba combinar la belleza con lo práctico, en construcciones modernas y limpias. Los cooperativistas suecos se destacaban por su planificación. Así pues, cuando en alguna ciudad se decidía establecer una empresa cooperativista se preparaba un proyecto. Una vez que se aceptaba la propuesta por la organización principal, se comenzaba la obra, y se construía el edificio, estableciendo las tiendas y todo lo que se había proyectado. El cooperativismo sueco contaba con una Escuela Cooperativa para enseñar a los futuros gerentes de las cooperativas. Se abrió en Saltsjóbaden, cerca de Estocolmo. La principal enseñanza era la del comercio, pero había otras especiales para preparar oradores, líderes de asociaciones, reporteros, etc., Contaba con una sección de enseñanza por correspondencia.

Hemos consultado el número 5788 de El Socialista de 27 de agosto de 1927.

Sobre la historia del cooperativismo contamos con distintos ejemplos en la hemeroteca de El Obrero.

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