Universalizar la propiedad según Compère-Morel

Historia

Si hace unos meses analizábamos las ideas sobre cooperativismo del socialista francés, experto en el mundo rural, y director de L'Encyclopédie socialista, Adéodat Compère-Morel (1872-1941), hoy regresamos con él y su teoría sobre la propiedad, y también en clave agraria, según un texto publicado por El Socialista de 1929.

 

Dejemos hablar a Compère-Morel.

El diputado de la SFIO quería dejar claro a los adversarios del socialismo que los socialistas no eran enemigos de la propiedad, sino todo lo contrario, porque lo que pretenderían sería universalizarla, es decir, hacer que disfrutasen de la misma la totalidad de los miembros de la sociedad.

Y es que la propiedad colectiva ya existía. Había compañías ferroviarias, mineras, navieras, metalúrgicas, etc. que eran propiedades colectivas a través de las acciones y obligaciones. Los poseedores de dichas acciones eran propietarios en común. Pero esas formas de propiedad colectiva sí eran admitidas y hasta impuestos por los avances económicos, mientras que se combatía al socialismo, que no hacía más que pretender extender esas formas admitidas o “normales de posesión” a la totalidad de la población.

¿Qué derecho superior se podía invocar, por lo tanto, para reservar la propiedad colectiva a los capitalistas (el socialista galo los calificaba de “ociosos”) y negar que se aprovechasen de la misma los asalariados “del músculo y del cerebro”, que eran los que la ponían en valor y la hacían producir? Y citaba a Marx, Guesde y Lafargue al afirmar que tenían mucha razón cuando afirmaban “que si el conjunto de la propiedad se hacía capitalista, su transformación en propiedad colectiva se impondría en nombre de la justicia social y del interés de la propiedad misma”. Pero como la propiedad colectiva común no existía, los socialistas tendrían la obligación de implantarla por la fuerza.

Pero, a continuación, afirmaba que era técnica y socialmente imposible hacer esto. Las nuevas formas de propiedad y los nuevos métodos de trabajo no se creaban a fuerza de leyes y decretos. No había que adelantar ni precipitar, por contraproducente, la evolución socioeconómica. No había que expropiar al pequeño propietario que trabajaba su propiedad con los suyos o con asalariados. La socialización que se perseguía no afectaba a los productores sino a los “parásitos”.

El socialismo sí aspiraba a reemplazar las pequeñas propiedades de millones de campesinos asalariados, aparceros o pequeños arrendatarios (recordemos la vocación de nuestro socialista francés) con un verdadero derecho de posesión “efectivo y real”. El socialismo aspiraba a favorecer a esos millares de pequeños propietarios para aumentar el rendimiento de sus explotaciones. Y si algún día el cultivo habría de hacerse en común en una tierra “transformada en común”, sería porque la totalidad de los pequeños propietarios lo habrían decidido libremente.

Hemos trabajado con el número 6482 de El Socialista, de noviembre de 1929. En la hemeroteca de El Obrero encontraremos el trabajo sobre cooperativismo de nuestro protagonista.

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