La cuestión de las horas extraordinarias de los ferroviarios en la Dictadura de Primo de Rivera

Historia

La implantación de la jornada laboral de ocho horas para los trabajadores ferroviarios españoles no fue fácil. Su tramitación fue lenta y las Compañías burlaban la ley a través del subterfugio de clasificar el trabajo ferroviario diferenciando el denominado “trabajo activo” y el de “presencia”.

 

Pero, además, en la Dictadura de Primo de Rivera se tomó una decisión que afectó a la liquidación de las horas extraordinarias de los ferroviarios. El Ministerio de Fomento privó a estos trabajadores del derecho a disfrutar las cantidades ganadas con el trabajo en esas horas para crear con dichas cantidades una Caja de Ahorros y Socorros de Agentes Ferroviarios, en la que se obligaba a participar a quienes no habían sido consultados para crearla frente a la aspiración unánime de los ferroviarios de cobrar las horas extraordinarias, decisión que se tomó en los Congresos del Sindicato Nacional Ferroviario celebrados en Zaragoza y Barcelona.

El Ministerio desoyó todas las reclamaciones. Tenemos que tener en cuenta que desde el punto de vista mutualista los ferroviarios ya contaban con la Asociación General de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España que abarcaba distintas modalidades de previsión y a la que pertenecían unos setenta mil trabajadores.

En 1930 el Sindicato Nacional Ferroviario volvió a reclamar al nuevo ministro, esperando mejor respuesta que había recibido del conde de Guadalhorce. Los socialistas apoyaban esta reclamación porque consideraban que los ferroviarios tenían el derecho a disponer libremente de un dinero ganado a fuerza de realizar horas extraordinarias en un duro trabajo.

Hemos consultado el número 6560 de El Socialista, de 16 de febrero de 1930.

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