El servicio militar obligatorio y los socialistas en 1911

Historia

Previo a la la reforma militar de Canalejas sobre el servicio militar obligatorio y el fin de la redención en metálico que salió en la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército ee 19 de enero de 1912, situamos el artículo de opinión de Álvarez Angulo en la revista Vida Socialista, de 26 de marzo de 1911, donde podemos comprobar la posición de los socialistas sobre el servicio militar obligatorio.

 

Los socialistas, en principio, no eran partidarios del servicio militar, ni como estaba establecido en ese momento previo a la reforma del político liberal, ni como servicio obligatorio. Los socialistas eran partidarios de la desaparición de los ejércitos permanentes. El dinero que se invertía en el mantenimiento de las fuerzas militares, además de los “brazos” que se restaban a la producción sin que hubiera un fundamento que lo justificase, vendrían a demostrar, a juicio de nuestro autor, esta posición.

En todo caso, se aceptaba como mal menor la implantación del servicio militar obligatorio con el objeto de que los hijos de los ricos rindieran también su tribuno a la función marcial. hijos de los trabajadores y de los pequeños empleados, es decir, todo aquel que no podía disponer de 1.500 pesetas, no se había librado ni del servicio ni del tributo de sangre en caso de guerra.

Así pues, Álvarez Angulo se preguntaba por qué no habían de padecer el mismo calvario los hijos de los ricos. La razón no estribaba en el deseo o en el placer de extender un mal o por una cuestión de equidad, sino porque yendo los hijos de los ricos también los cuarteles mejorarían, habría mejor rancho y no abundarían los malos tratos.

El autor aludía a la discusión en ese momento en el Senado del proyecto del Gobierno, y de ese debate se había sacado la conclusión de que en los cuarteles no se dispensaba un buen trato, ni reunían condiciones adecuadas de higiene para albergar personas.

Álvarez Angulo se fijó en su artículo en unas declaraciones de Miguel Primo de Rivera donde hablaba de los cuarteles y de lo que allí ocurría, a las que consideró llenas de franqueza, y por eso mismo, los socialistas eran partidarios del servicio militar obligatorio porque parecía justo “que los hijos de los ricos compartan con los analfabetos los bofetones, los golpes en la barba y las guardias de que nos habla el general Primo de Rivera en un rasgo de sinceridad.”

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