La Regencia de María Cristina (1833-1840): los partidos liberales
En el período de las Regencias de la minoría de edad de Isabel II se consolidó la división del liberalismo español, iniciada ya en el Trienio Liberal, en dos grandes corrientes o partidos.
El liberalismo moderado se caracterizaba por la defensa de la soberanía compartida entre el rey y la nación, representada en las Cortes. Este liberalismo consideraba que la Corona debía contar con amplios poderes y que el sufragio debía ser censitario y muy restringido para los ciudadanos con las rentas más altas. También era partidario del bicameralismo, con un Senado o cámara alta para frenar o compensar las posibles reformas más abiertas que pudiera plantear el Congreso de los Diputados. En el terreno de los derechos y las libertades los liberales moderados optaron por la restricción de los mismos, anteponiendo siempre los principios de orden y autoridad. Esta corriente se basó en los principios del liberalismo doctrinario francés. Era la opción política defendida por la aristocracia, la alta burguesía y la clase media alta.
El liberalismo progresista defendía la tradición exaltada del Trienio Liberal, la soberanía nacional, un mayor control y limitación del poder de la Corona frente a las Cortes, la ejecución de una política de amplias reformas económicas y sociales de signo liberal y el sufragio censitario, aunque menos restringido para dar cabida a su base social: la burguesía media. T
anto la reina María Cristina como Isabel II siempre fueron partidarias de los liberales moderados. Solamente ofrecieron el poder a los progresistas cuando se vieron obligadas porque la situación política o social podía hacer peligrar la estabilidad de la Monarquía.