Los gobiernos progresistas (1835-1837)

Historia

El conde de Toreno sustituyó a Martínez de la Rosa en la presidencia del consejo de ministros en junio de 1835. Durante su mandato llevó a cabo grandes reformas, especialmente las emprendidas por Juan Álvarez Mendizábal, ministro de Hacienda. Se decretó la disolución de los conventos con menos de doce religiosos y se disolvió la Compañía de Jesús. La Milicia Nacional protagonizó levantamientos, formando juntas, para asumir el gobierno “revolucionario” anticlerical, con asaltos a conventos e incendios de fábricas.

 

Como consecuencia de las medidas de gobierno y de la “revolución de 1835”, se rompieron las relaciones con la Santa Sede y el clero regular abrazó la causa carlista. El gobierno de Toreno ordenó la disolución de las juntas pero la tensión revolucionaria no disminuyó. La reina gobernadora llamó a Mendizábal, liberal progresista, para formar gobierno. Mendizábal emprendió una intensa labor reformadora, siendo la principal la desamortización de los bienes del clero, además de reorganizar la Milicia Nacional, convirtiéndola en Guardia Nacional e integrar las juntas dentro de las diputaciones provinciales. Mendizábal estaba empeñado en terminar la guerra carlista y sanear la hacienda pública a través de la desamortización. Fracasó en ambas cuestiones. Se plantearon elecciones en febrero de 1836, ganadas por los progresistas, aunque fracasaron en el gobierno. María Cristina llamó al progresista Istúriz, para formar gobierno con algunos ministros moderados destacados, como Alcalá Galiano y el duque de Rivas.

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