Pogromos en la Barcelona bajomedieval
En la primera mitad del siglo XIV se produjeron muchas malas cosechas seguidas, los conocidos como “veranos podridos”, o los “malos años”. Las crisis demográfica y económica provocó una fuerte crisis social, que presentó una doble dimensión. La primera es la reacción señorial.
La crisis afectó a los señores (nobleza y clero) por distintas causas. La casi finalización de los procesos de conquista había cerrado una de las vías que tenían para incrementar su patrimonio. Ya no había tierras con las que hacerse. Por otro lado, la elevada mortandad, y la emigración a la ciudad provocaban una disminución de vasallos y, por consiguiente, de rentas. Por fin, el aumento de los precios, y especialmente de las manufacturas, les afectó porque eran los principales clientes de las mismas.
Los señores reaccionaron ante este panorama para recuperar sus pérdidas, a través de dos medios. En primer lugar, a la Monarquía le usurparon tierras y prerrogativas (tributos) aprovechando momentos de debilidad de la misma, como guerras civiles o minorías de edad de reyes. Con respecto a los campesinos se endurecieron sus condiciones. En Castilla se extendió la práctica de acortar los plazos de los arrendamientos para poder revisar al alza las rentas. En Cataluña, para evitar la huida de campesinos, se les adscribió a la tierra como siervos, y sólo podían abandonarla mediante la compra de su libertad, los conocidos como “payeses de remensa”.
Las dificultades económicas provocaron un fuerte descontento social en el campo y en las ciudades. Por fin, fueron muy significativos los pogromos contra los judíos, a los que el pueblo llano odiaba por la relación de aquellos con el dinero, los negocios y el préstamo en una época de crisis. Además, se les acusaba de ser los responsables de la extensión de la Peste Negra porque supuestamente corrompían el agua y el aire, como se vio en los asaltos a las juderías catalanas en 1348. Los judíos se convirtieron en el “chivo expiatorio”. A partir de 1391 la oleada de antisemitismo, nacida en Castilla, se extendió por toda la Península. Muchos judíos optaron por la conversión para sobrevivir, surgiendo la figura del converso, sobre la que terminaría recayendo la sospecha de su posible falta de sinceridad religiosa, alimentando un fenómeno histórico, genuinamente hispano, que se desarrolló de forma evidente en la Edad Moderna.
En Barcelona no se vio libre de la crisis demográfica por la peste. Anteriormente, en 1333 hubo una gran hambruna. En 1348 la peste entró en la ciudad provocando una gran matanza. Resurgiría periódicamente en muchas ocasiones hasta los últimos años del siglo XV. Miles de barceloneses perdieron la vida en esta catástrofe demográfica. Pero, además, en 1359 la ciudad fue asediada por mar por la marina castellana de Pedro I el Cruel, en la denominada Guerra de los dos Pedros (1356-1375), es decir, entre este monarca y Pedro IV de Aragón. Para colmo, Barcelona sufrió un terremoto el 2 de febrero de 1428, el denominado Terratrèmol de la Candelera porque tuvo lugar en la época de la Candelaria. El temblor tuvo su epicentro en Camprodrón. Pero, en realidad, hubo más temblores previos durante todo el año de 1427. En Barcelona murieron unas veintisiete personas.