El integrismo español sobre las leyes antisocialistas de Bismarck
Como es sabido, el canciller de Hierro estableció una legislación para perseguir a los socialdemócratas alemanes, a la vez, que intentaba poner en marcha leyes de contenido social, es decir, siguió una política de “palo y zanahoria” con el fin de frenar el pujante movimiento obrero alemán. En realidad, fracasó porque el socialismo no dejó de crecer y a los pocos años de la finalización de la represión terminó por convertirse en la primera fuerza política parlamentaria, porque nunca dejó de crecer.
Pero esta breve pieza versa sobre la opinión del integrismo española acera de estas medidas de Bismarck justo cuando dejaron de aplicarse en 1890 a raíz de la salida del canciller del poder. Para ello hemos acudido a El Siglo Futuro, la principal publicación de este sector de opinión.
En el número del primero de octubre de 1890 de dicho diario se insertó una noticia que explicaba que ya no estaban en vigor las leyes represivas contra los socialistas, obra de Bismarck, además de dar a conocer cómo había impactado esta noticia en Alemania.
El periódico afirmaba que, realidad, los católicos nunca habían aprobado por completo esta legislación (imaginamos que se alude a los católicos alemanes que, como bien, sabemos siempre estuvieron enfrentados a Bismarck aunque no por esto, sino por la famosa Kulturkampf). El periódico español opinaba que los católicos no habían estado a favor de esa política porque la solución al problema de las tendencias irreligiosas de la época contemporánea, que eran consideradas como la raíz de la cuestión obrera, no pasaba por la represión de los socialistas, sino por el combate de esas tendencias.
La experiencia, siguiendo al periódico, habría dado la razón a los católicos porque, a pesar de la represión, las ideas socialistas se habían difundido de forma evidente por Alemania, como lo demostraría el éxito electoral de los socialdemócratas.
Creemos que lo más interesante del razonamiento del integrismo español en relación con este asunto tiene que ver con el hecho de que las cuestiones sociales tenían que ver, según sus planteamientos, en el avance de las corrientes irreligiosas que fomentarían al movimiento obrero, y no en los problemas sociales evidentes producidos por los procesos de industrialización y la enorme desigualdad social existente. En este sentido, aunque aquí no se mencione pero sí en otras muchas publicaciones, la masonería, uno de los supuestos focos del combate contra la religión, habría contribuido a enardecer a los obreros.
La cuestión, por lo tanto, era combatir pensamientos, ideas y planteamientos contrarios a la religión para solucionar el problema social porque esos factores habrían sido los que habían separado al obrero del orden establecido.