Los socialistas ante el proyecto de Instituto de Trabajo de Canalejas

Historia

Antes de la creación del Instituto de Reformas Sociales por un Decreto de 23 de abril de 1903 de un Gobierno de Francisco Silvela, el liberal Canalejas, a la sazón ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas en la primavera de 1902, intentó poner en marcha el Instituto de Trabajo, aunque por la brevedad de su paso por este Ministerio no se llegaría a buen puerto, pero, sobre todo porque no terminó de salir del Senado. Estaríamos hablando de los primeros organismos ya plenamente oficiales, uno proyecto y otro ya realización, con el precedente de la Comisión de Reformas Sociales del siglo anterior, que debían dedicarse a la preparación de la legislación laboral y organizar la inspección, sobre la base de la participación tripartita de gobierno, empresarios y trabajadores. Pues bien, los socialistas opinaron sobre el proyecto del ministro Canalejas. Este es el objetivo del presente trabajo.

En la columna de “La semana burguesa” de El Socialista del 18 de abril de 1902 se opinaba que el preámbulo de la disposición que debía crear el Instituto de Trabajo era demasiado largo. No se criticaba lo allí expuesto, pero se consideraba que Canalejas no podría hacer lo propuesto, precisamente porque la clase trabajadora carecía todavía de fuerza para obligar a que se hicieran. No olvidemos que, curiosamente, uno de los problemas que luego tendría el Instituto de Reformas Sociales fue la negativa de la patronal a que el Estado interviniera en materia laboral, algo que luego volvería a ocurrir con los Comités Paritarios de Primo de Rivera, y con los Jurados Mixtos de la Segunda República, aunque ya estaríamos hablando de una fuerza obrera mucho más considerable y potente.

En todo caso, se veía bien la cuestión de la reducción de la jornada laboral para los trabajadores que dependiesen del Estado y la inclusión de ciertas cláusulas en los pliegos de condiciones de las obras que el propio Estado hiciera por subasta o concurso.

Por otro lado, se consideraba que su dotación económica era escasa para todo lo que se pretendía realizar, y habría que esperar a la publicación del reglamento.

Pero, también es cierto que en un artículo sobre las urgencias que había que tratar ante la carestía de la vida, en el número del periódico obrero del 25 de abril, se saludaba el interés del Gobierno en crear un Instituto de Trabajo, siempre y cuando hubiera un interés sincero en intentar arreglar las cosas y no una forma de distraer y engañar al obrero, pero en ese momento, para los socialistas, era prioritario abaratar la vida.

Es importante destacar que, en ese mismo mes de abril, en un número anterior de El Socialista se incluyó un significativo artículo con el título de “Las reformas”, que nos sirve para entender la postura socialista en relación con los cambios de tipo legislativo que se estaban iniciando en materia social en España y, en general en Europa, en un momento en el que se estaba considerando el papel intervencionista del Estado en esta materia, con el gran precedente de Bismarck. Pero que también nos ayudan a entender la vía reformista de cambios que el socialismo español defendió claramente hasta el primer Bienio de la Segunda República, y nos puede ayudar a comprender el papel del mismo en los Comités Paritarios de la Dictadura de Primo de Rivera.

Los socialistas pensaban que había algunos políticos burgueses españoles y europeos que veían en las reformas sociales pasos del avance de un proletariado consciente en el camino de su emancipación, pero que la mayoría juzgaban los cambios legislativos como murallas para evitar el crecimiento y triunfo del socialismo. Si se veía mejorada su condición social, pensaban estos últimos, los obreros no pensarían en transformar el orden social, sino solamente en cuidar de mantener las mejoras. En esta idea coincidían con los anarquistas, aunque desde otra perspectiva, porque las reformas lo único que conseguían era adormecer a los trabajadores, apartándoles de la lucha por la emancipación. Pero para los socialistas se equivocaban unos y otros. Los socialistas eran los que con más fuerza pedían las reformas, y dado, el carácter mayoritario de los mismos no podrían estar equivocados, no podrían estar luchando por algo que dificultase o impidiese el triunfo de sus ideas.

Pero el argumento más fuerte del razonamiento se basaba en el natural deseo del hombre de mejorar. Los obreros no iban a abandonar su lucha en seguir mejorando y renunciar a sus ideales porque hubieran conseguido disminuir sus problemas y haber alcanzado ya algunas mejoras. Pero, aunque lo hicieran momentáneamente, muy pronto la explotación capitalista siempre estaba presente para amenazar las conquistas alcanzadas, obligando a los obreros a reanudar con fuerza su lucha. El ejemplo que se ponía era el caso alemán. Las reformas sociales de Bismarck no habían frenado a la Socialdemocracia.

El artículo terminaba vaticinando que en España pasaría lo mismo.

Hemos consultado los números 840, 841 y 842 de El Socialista. Por otro lado, es muy interesante la consulta de la parte que se dedica a este proyecto en el artículo de Ángel Luis Sánchez Marín, “El Instituto de Reformas Sociales: origen, evolución y funcionamiento”, en Revista Crítica de Historia de las Relaciones Laborales y de la Política Social, nº 8 (2014), que puede consultarse en la red.

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