Las cajas de resistencia para Pablo Iglesias

Historia

El incansable Pablo Iglesias dedicó muchos esfuerzos para difundir las ideas del sindicalismo socialista, la importancia de la unión y la organización, la lucha económica y política, y la importancia de convocar huelgas que se pudieran ganar y no debilitasen a la organización. En esa línea se inscribe la cuestión que aquí queremos, las cajas de resistencia, partiendo de una profunda crítica a la forma de mantener las huelgas por parte de los anarquistas.

En el tramo final de su vida, en 1922, publicó un trabajo en El Socialista en el que quería demostrar que las cajas de resistencia seguían siendo necesarias, al calor de dos grandes huelgas recientes, que es el contexto concreto en el que escribió el texto. De nuevo salía en su defensa frente a la tesis anarquista y de los partidarios de la acción directa, que consideraban, siempre según la opinión del viejo líder socialista, que solamente servían para que unos cuantos se llevasen el dinero de las mismas.

Pablo Iglesias, siempre fiel a su vocación pedagógica, pero también crítica, nos explica un poco de historia del sostenimiento de las huelgas de los anarcosindicalistas. En un primer momento se realizaba a través de suscripciones voluntarias, pidiendo recursos a las Sociedades Obreras, “que tenían las cajas tan combatidas”, y apelando a colectas públicas. Para Iglesias, en esas colectas no se pedía el “óbolo” del trabajador, sino el “auxilio de los burgueses”. Esto se habría hecho en Barcelona y en otros lugares. En conclusión, los obreros “fueron mal atendidos”.

Más tarde, los anarcosindicalistas habrían sostenido las huelgas mediante cuotas extraordinarias muy elevadas, gastadas, en muchas ocasiones por los mismos que las recaudaban “revólver en mano” porque había resistencias entre los trabajadores afiliados, ya fuera porque consideraban que eran muy elevadas, ya fuera porque, en realidad tenían que ser voluntarias y no forzosas. Para Pablo Iglesias, independientemente de que no se podía obligar a nadie a cotizar con amenazas y que las cuotas deben estar sujetas a reglamentos, el sistema de cotizaciones muy altas para sostenimiento de huelgas no era el mejor. No lo era para huelgas que se dilataban en el tiempo. Los trabajadores tenían ingresos muy justos y escasos, por lo que no se les podía pedir la sexta parte de lo que cobraban semanalmente. Los trabajadores debían sacrificarse en la lucha, pero no de esa manera.

Lo razonable, para Pablo Iglesias, pasaba porque se dispusiese, antes de entablar el conflicto, de fondos para afrontarlo, al menos en parte. Esos fondos debían salir de las cuotas ordinarias. Por eso, había que emprender las huelgas necesarias y no hacerlas constantemente, procurando conseguir las reclamaciones sin tener que recurrir a las mismas. Pablo Iglesias ponía como ejemplo a los albañiles y tipógrafos madrileños, que habían conseguido bastantes éxitos con esta estrategia.

Las cajas de resistencia estarían más saneadas si se meditase más y mejor antes de emprender una huelga, una lección que llevaba Pablo Iglesias y, en general la UGT, defendiendo desde el principio. Si así se hubiera hecho, opinaba Iglesias, habría sido muy posible que se hubiera conseguido más en los últimos conflictos de los mineros asturianos y los metalúrgicos en Vizcaya. Las dos huelgas afectaron en total a unos 30.000 trabajadores, aproximadamente. Para auxiliar a los mismos se habrían necesitado entre 200.000 y 225.000 pesetas. Era una cantidad muy grande, especialmente, si se comparaba con la mala situación de las Sociedades Obreras. Las cajas de resistencia no habían podido ayudar a estos trabajadores. Esta situación no debía volver a pasar. El artículo era una clara llamada de atención.

Hemos trabajado con el número 4283 de El Socialista.

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