La organización de las obreras del hogar en vísperas de la Segunda República

Historia

“A la memoria de mi abuela Carmen que, siendo casi una niña, tuvo que ponerse a servir en aquella época”

El servicio doméstico, mayoritariamente desempeñado por la mujer en la historia, ha sido el sector laboral peor tratado, sin lugar a dudas, tanto en relación con el régimen jurídico del mismo, como en el reconocimiento de sus derechos sociales. Como dice la historiadora María Jesús Espuny Tomás, la prestación de servicios domésticos no ha sido siempre considerada como una relación jurídica, por razones sociológicas, económicas, y de mentalidad. Por lo tanto, las mujeres que trabajaban en este sector no tenían derechos que sí comenzaban a disfrutar las trabajadoras de otros sectores, tanto en el ámbito industrial, como en el de otros servicios, ya desde fines del siglo XIX. En España, la Segunda República fue el período en el que más se avanzó en relación con el servicio doméstico, al incluirlo en la Ley de Contrato de Trabajo, pero no en la Ley de Jornada Máxima. En todo caso, el sindicalismo socialista luchó por sus derechos, e incluyó a estas trabajadoras en sus propias sociedades obreras.

En este artículo queremos acercarnos, precisamente al origen del sindicato de las obreras del hogar en el seno de la UGT entre 1930 y 1931. En octubre del primer año, el destacado profesor socialista Antonio Roma Rubies denunció en las páginas de El Socialista la situación que padecían las criadas cuando sufrían accidentes laborales, y que nos permite conocer parte de la situación que padecían estas trabajadoras. Al parecer, Roma había recibido la visita de una compañera que se había fracturado la pierna cuando prestaba sus servicios como criada en una casa particular. No tenía derecho a ninguna prestación porque el artículo 147 del Código de Trabajo excluía de los mismos al servicio doméstico. Este trabajo quedaba definido en la disposición como el que se prestaba mediante jornal, sueldo, salario o remuneración de otro género o sin ella, y que fuese contratado no por un patrono sino por un “amo de casa”, y que no persiguiese un fin de lucro, con el fin de trabajar en una casa o morada particular al servicio exclusivo del contratante, de su familia, y de sus dependientes, y tanto si se albergaba en dicha casa como si no. Roma quería dejar claro que esta legislación era injusta. Consideraba que la causa tenía que ver con una cuestión de clase, es decir, era una ley hecha por ricos. Aprovechaba en su denuncia para recordar la importancia de votar socialista para transformar las injusticias, argumento básico del socialismo, así como recordaba el poder de los poderosos, las señoras de la aristocracia y del clero a la hora de influir a estas trabajadoras.

Pues bien, la organización sindical socialista no podía dejar al margen a estas trabajadoras, al constatar que vivían casi en un régimen de esclavitud con jornadas interminables, retribuciones mezquinas y arbitrarias, mala alimentación y peores habitaciones. Se trataba de trabajadoras que comenzaban a una edad muy temprana, en la adolescencia, y que dejando sus hogares entraban en otros que casi se convertían en prisiones, con muy poco descanso y menos ocio fuera de los mismos. La situación, por tanto, de estas muchachas, como las que trabajaban en el textil a domicilio, era muy penosa. Eso había provocado que, en el otoño de 1930, la Sociedad de Obreras de la Aguja, seguramente el sindicato femenino más activo en el Madrid de las primeras décadas del siglo XX, decidió promover la sindicación de las obreras del hogar para que pudieran ponerse al mismo nivel que sus compañeras trabajadoras de otros sectores. En la Casa del Pueblo de Madrid se comenzó a organizar la Asociación de las Obreras del Hogar, aunque las propias sindicalistas eran conscientes de la dificultad para lograrlo porque al no estar en talleres o fábricas era más complicada la labor de propaganda para hacer entender las virtudes de la organización sindical con el fin de conseguir mejoras salariales y de las condiciones laborales y sociales.

La puesta en marcha del sindicato alarmó a la prensa conservadora, siempre proclive a incluir noticias de sucesos protagonizados por las criadas y sirvientas en las casas de la burguesía. Por su parte, el nuevo sindicato y El Socialista denunciaron acusaciones de robos supuestamente cometidos por criadas.

El 1 de marzo de 1931 se celebró en la Casa del Pueblo de Madrid del nuevo sindicato. El acto fue presidido por la infatigable sindicalista Claudina García, cuyo discurso giró alrededor de uno de los principios fundamentales del sindicalismo socialista, es decir, la necesidad de la sindicación como instrumento de la lucha obrera. Pero, además, explicó parte de las características del sector profesional relacionado con el servicio domésticoy que tenía que ver con el paternalismo desarrollado por las “damas caritativas” sobre las empleadas, al considerarlas como prolongación de sus familias, mientras que, por otro lado, ejercían una dura explotación al establecer jornadas interminables, y no aportar mejoras salariales ni de ningún otro tipo. En un sentido parecido fue la intervención de Isabel Cardoso, tanto sobre el análisis que realizó de la situación de las “muchachas de servir”, como sobre las ventajas de la organización obrera con el fin de establecer unas bases de trabajo que dignificasen a estas trabajadoras. Por su parte, Ricarda Donado denunció cómo el sistema negaba a la clase obrera del hogar el derecho a la vida. Luz García, hermana de Claudina, se centró en otra parte de los problemas que padecían las empleadas del hogar. Se detuvo en las humillaciones y vejaciones que muchas muchachas sufrían en casas de religiosos donde servían. Pero también aludió a la prensa, acusando a los periodistas reaccionarios por emprender campañas contra las obreras domésticas, como hemos explicado.

Francisco Sánchez Llanes, que participó en nombre de la UGT, señaló que era la primera vez que las obreras del hogar se encontraban unidas al resto de las trabajadoras organizadas. Si esta observación era importante, también habría que destacar que criticó la forma en la que los patronos llamaban a estas obreras, al calificarlas de sirvientas. Era una palabra que había que borrar, en su opinión, hasta del Diccionario. Sánchez Llanes también aludió a las ventajas que las obreras del hogar habían alcanzado en América, para terminar defendiendo los principios de la UGT, la consabida necesidad de la organización obrera, y planteando que, si el Ayuntamiento madrileño estuviera gobernado por socialistas, las obreras del hogar tendrían una Casa-refugio.

El último orador fue Felipe Ronda, en nombre de la Asociación de Obreras del Hogar, que realizó una defensa apasionada de la nueva organización, combatiendo a los que pretendían ridiculizar al nuevo sindicato, además de exponer las principales características de la futura Casa-refugio.

En el acto se aprobaron unas conclusiones, verdaderas exigencias obreras:

1ª Las trabajadoras del hogar debían tener derecho a disfrutar de los beneficios de la legislación obrera relativos a la mujer: limitación de jornada, seguro de maternidad, retiro obrero, accidentes de trabajo, etc.

2ª El Gobierno debería dictar normas para establecer las condiciones higiénicas que debían reunir las habitaciones destinadas al descanso de las obreras del hogar.

3ª El Gobierno debería ayudar económicamente a la creación de la Casa-hogar para las obreras que estuvieran en paro, uno de los proyectos de la organización obrera de las trabajadoras del hogar.

4ª Prohibición de los trabajos nocivos para la salud, con la consiguiente inspección de trabajo.

5ª El Gobierno debería nombrar una comisión de patronos y obreros de este sector laboral para que fijase los salarios.

Como fuentes hemos empleado los números 6756m 6816 y 6884 de El Socialista. Para ahondar en algunos de los personajes citados podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

Bibliografía: Miguel Hernández Márquez, “Antecedentes históricos y legales del servicio doméstico”, en Cuadernos de Política Social, nº 41, (1959), págs. 7-38.

Mª Jesús Espuny Tomás, “El servicio doméstico: la historia de una exclusión continuada”, en la red.

Paloma González, “Notas sobre la condición de la mujer trabajadora en España durante los tres primeros decenios del siglo XX”, en Actas de las Primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Nuevas perspectivas sobre la mujer, Madrid, UAM, 1982, Vol. II, págs. 97 y ss.

Rosa María Capel, El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1939), Madrid, 1982. Sarasua, Carmen, “El servicio doméstico en el Madrid del siglo XIX”, en Historia 16, 8 (1983).

Mª Jesús Espuny, “El servicio doméstico: la historia jurídica de una exclusión continuada”, y que podemos consultar, en parte, en la red.

Eider de Dios Fernández, “Las que tienen que servir” y las servidas. La evolución del servicio doméstico en el franquismo y la construcción de la subjetividad femenina” en Revista de Historia Autónoma (2013), y de la misma autora, Sirvienta, empleada, trabajadora del hogar, Universidad de Málaga 2018.

Eduardo Montagut, “El mitin de las obreras del hogar en Madrid en 1931”, en El Obrero (marzo de 2019).

Etiquetado como :
Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido