Capeas, ocio y cultura según “El Socialista” en 1932

Historia

El ocio es una de las cuestiones menos tratadas cuando se aborda la Historia del movimiento obrero, a pesar de la enorme importancia que siempre tuvo tanto en el socialismo como en el anarquismo. Recordemos la histórica reivindicación de ocho horas para el trabajo, ocho para el ocio y ocho para el descanso. El ocio constituía un instrumento fundamental en la emancipación del obrero, un ocio vinculado a la cultura y a la fraternidad.

En este artículo nos acercamos a parte de esta cuestión en los años de la Segunda República, en relación con las capeas y su crítica por parte de los socialistas.

Los socialistas no fueron, precisamente, defensores de las fiestas de toros a lo largo de gran parte de su Historia. En mayo de 1932 se publicó en El Socialista un artículo editorial a propósito de las capeas que aportaba también alternativas al ocio en el medio rural, en una línea cultural dentro de la nueva filosofía que trajo la política cultural de la Segunda República.

Las capeas, según el artículo, generaban sucesos sangrientos y eran calificadas como un espectáculo bárbaro y sórdido. Pero, ¿por qué los pueblos se aferraban a las capeas? Tradicionalmente, se consideraba que era por barbarie, pero los socialistas no podían admitir una causa tan denigratoria hacia el pueblo, por lo que pensaban que había algún otro factor que no se había tenido en cuenta hasta entonces. Y tenía que ver con la falta de medios de ocio como se daban en las ciudades, por la falta de “diversiones nobles” y “esparcimientos cultos”. Los pueblos solamente tenían diversiones y entretenimientos una vez al año, en las fiestas patronales. No había llegado ni el cine, a pesar de su facilidad para extenderse. Las capeas constituían el único aliciente.

Nadie se había preocupado del ocio del mundo rural que todavía a esa altura constituía la mayoría de España. Así pues, más que barbarie, ignorancia era la causa de la prevalencia de las capeas. Afortunadamente, las Misiones Pedagógicas, y La Barraca había emprendido una campaña cultural que estaba dando sus frutos, es decir, había un claro elogio por la apuesta de la República por la cultura, por hacer llegar los beneficios de la misma hasta el último rincón del país.

Pero los socialistas, además, querían criticar el desdén tradicional del hombre urbano hacia el rural al acusarlo de ser bárbaro, cuando, en realidad, el segundo solamente practicaba ese ocio criticado una vez al año, frente al primero que lo podía practicar cotidianamente, aludiendo al caso del boxeo.

En conclusión, los socialistas apostaban claramente por ofrecer alternativas cultas y atrayentes para el ocio en los pueblos, elogiando, como hemos visto a las Misiones Pedagógicas y a La Barraca. La tradición por la tradición no valía como argumento.

Hemos trabajado con el número 7585 de El Socialista.

Sobre el PSOE y los toros podemos acercarnos al artículo de Eusebio Lucía Olmos, “Para recordar. Los socialistas y los toros”, en Diario Progresista, (diciembre de 2018)

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