El descontento personal como acicate en el compromiso político

Política

Uno de los temas que más nos ha motivado desde siempre es el del compromiso político. Hemos estudiamos qué motiva a una persona a comprometerse en una causa, en un partido, movimiento o conjunto de ideas, y decide actuar, no sólo pensar o tener una determinada conciencia. En este caso no vamos a tratar de las motivaciones para decidirse a actuar, sino sobre el descontento personal como estímulo en ese compromiso político. De nuevo, como bien ya habrá supuesto el lector que tiene la amabilidad de leer lo que publicamos, el material histórico nos proporciona el alimento para nuestras reflexiones.

 

Un domingo de noviembre de 1929, en la Casa del Pueblo de Madrid, y en un acto organizado por la Juventud Socialista, el destacado médico socialista, que llegó a ser diputado en la República, aunque desaparecido de forma prematura, José Sanchís Banús, disertó sobre las razones por las que era socialista. Aquí nos interesan, en realidad, sus primeras afirmaciones, más generales, sobre la necesidad de la reflexión personal en relación con el compromiso político, ofreciéndonos una tesis que, a nuestro juicio, nos parece estimulante.

Sanchís abogaba por pararse a meditar sobre las ideas. Había que madurarlas personalmente, “mirando dentro de nosotros, aislados del mundo exterior”. Ese ejercicio serviría para revistar las concepciones sobre la interpretación que hacíamos de la vida. De ese modo, hasta los más ortodoxos o fieles de unas ideas podían encontrar ventajas en este trabajo. Y ¿cuál era la principal ventaja de este método? Pues para mantener viva la inquietud que produciría el descontento con la propia obra, nada más y nada menos. Solamente el hombre que sentía ese descontento era capaz de perfeccionarse.

Solamente sintiendo la distancia que nos separaría de los ideales, de los objetivos, de lo que perseguimos en nuestro compromiso político, se podría experimentar la necesidad de recorrer dicha distancia a través, y esto es sumamente atrayente, a nuestro entender, de Sanchís, del “trabajoso sendero de la educación”.

Una verdadera lección, aplicable a otros ámbitos. A nosotros solamente nos queda preguntarnos, ¿se sienten insatisfechos los políticos españoles, en general, gracias a ejercicios periódicos de reflexión personal, y eso les hace formarse, aprender, trabajar y mejorar?

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