Victoria pírrica

Política

Por “victoria pírrica” se entiende la que se consigue con muchas pérdidas en el que bando que, aparentemente, ha ganado, con lo que hasta dicha victoria podría ser desfavorable, y convertirse en una derrota.

 

El término procede de Pirro, rey de Epiro, que logró sendas victorias sobre los romanos a costa de muchas bajas. Pirro era considerado uno de los mejores militares del siglo III a.C. Consiguió que su Reino se extendiese por Macedonia y la Tesalia. Entonces decidió marchar a ayudar a Tarento. Su ejército era formidable. Las distintas fuentes hablan de veinte mil soldados de infantería con tres mil jinetes, dos mil arqueros y quinientos honderos, así como unos cincuenta elefantes, aunque le costó recomponerlo después de haberse dispersado su flota al salir de Epiro por el Mar Jónico en la época de las tormentas.

Pirro consiguió vencer a los romanos en dos ocasiones. En primer lugar, les derrotó en la Batalla de Heraclea, un combate muy disputado, y que provocó un elevadísimo número de bajas a ambos contendientes. Bien es cierto que las pérdidas de Pirro fueron inferiores a las romanas, pero fueron muy importantes, perdiendo, además, a gran parte de sus oficiales. Al parecer, el propio rey expresó que otra victoria como esa y tendría que regresar a Epiro solo.

Bien es cierto, por otro lado, que su victoria le permitió que sus aliados que, ante la posible victoria romana se habían mantenido a distancia, se decidieran a apoyarle de forma clara, y hasta consiguió ganarse para su causa a aliados de los romanos. Pirro, en todo caso, era prudente porque sabía lo que le había costado vencer. Así pues, envió a Cineas a Roma para negociar una paz, o más bien para plantear un ultimátum. Cineas era un hábil político, y los senadores romanos estaban, en principio, dispuestos a acceder a las demandas del rey de Epiro, pero en ese momento el censor Apio Claudio Ceco rechazó la oferta y arengó a los romanos con un discurso patriótico. Cineas tuvo que salir de Roma.

Pirro siguió avanzando, y llegó a treinta y cinco kilómetros de Roma, con avanzadillas que se acercaron mucho más. Pero en esto llegó el invierno y decidió acuartelar las tropas en Tarento.

La guerra se reemprendió al año siguiente, en el 279 a.C. con la Batalla de Asculum, otra victoria pírrica. Es verdad que los romanos perdieron seis mil soldados, pero Pirro unos tres mil quinientos. La victoria no le proporcionó ninguna ventaja y tuvo que retirarse de nuevo a Tarento. Pirro fue felicitado por su éxito, pero, de nuevo, su buen sentido le hizo expresar que otra victoria como la que se había producido y estaría vencido.

Y así fue, después de sus conflictos con los cartagineses en Sicilia, regresó a Italia, y el año 274 a.C. sería decisivo porque fue el último de su carrera militar allí, ya que, sufrió una derrota, sin lugar a dudas, fruto de las anteriores “victorias pírricas” en la Batalla de Benevento. Así pues, dichas victorias llevaban la semilla de la derrota final.

A partir de entonces, el término se ha aplicado a muchas batallas y campañas desde la Antigüedad hasta casi el presente.

A veces vencer es ser derrotado, como también ocurre en política.

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