La conquista de la jornada de ocho horas de los canteros y marmolistas madrileños en 1898

Historia

Antes del establecimiento oficial de la jornada laboral de ocho horas en España en 1919 algunos sectores alcanzaron esta conquista mucho antes. Este sería el caso de los canteros y marmolistas madrileños en 1898, aunque no entrara en vigor dicho cambio hasta el año siguiente. Este artículo versa sobre este hecho.

 

El 20 de noviembre de 1898, la Sociedad de Obreros Canteros, Marmolistas y Similares firmó con los Maestros Canteros un acuerdo para terminar con la tensión entre trabajadores y patronos de este sector.

Acordaron que, a partir del 1 de septiembre de 1899, es decir, se dejaba casi un año de transición, se establecería la jornada de ocho horas de trabajo sobre las siguientes bases:

  1. No podrían rebajarse los jornales, pero si elevarlos si la situación del trabajo lo permitiese, es decir, se intentaba, además del establecimiento de la jornada de ocho horas que no se bajasen los salarios y, en la medida de lo posible subirlos.
  2. La autorización de horas extraordinarias en los casos urgentes, siempre bajo la supervisión de la Junta Directiva de la Sociedad de Canteros. Pero quedaría prohibido el trabajo a destajo. El movimiento obrero siempre luchó en todos los sectores contra esta modalidad de trabajo.
  3. Los patronos tendrían derecho de contratar y despedir a los obreros, como los obreros de retirarse (despedirse), estableciéndose el respeto mutuo entre unos y otros.
  4. Las ocho horas establecidas se regirían bajo determinadas condiciones en función de las estaciones. De abril a septiembre se comenzaría a trabajar a las seis de la mañana hasta las ocho, con una hora de almuerzo, reanudándose el trabajo a las nueve hasta las doce del mediodía, después habría tres horas para comer, y luego se trabajaría desde las tres hasta la seis de la tarde, cuando debía terminar la jornada. En los meses de octubre y marzo el trabajo comenzaría más tarde, a las siete y media de la mañana hasta las doce del mediodía, y luego de una y media a cinco de la tarde. Entre noviembre y febrero habría un tercer sistema: siete y media de la mañana para comenzar la jornada hasta las doce, y de una a cuatro y media por la tarde.
  5. Ningún obrero podría retirarse del trabajo sin avisar al maestro o encargado, y si lo hiciese perdería las horas que hubiera trabajado en dicha jornada.
  6. A todo el que ejecutase obras pertenecientes a este gremio se le debía exigir poner su conformidad en el documento original, sin cuyo requisito la Sociedad de Canteros y sus Maestros se comprometían, los unos a no asistir a las obras, y los otros a recibir en sus talleres cuantos operarios puedan de los que resultasen parados por este motivo.

Por otro lado, se establecieron unas Bases adicionales ese mismo día con el fin de aclarar algunos puntos en relación con la jornada de las ocho horas:

  1. Respetando la jornada de las ocho horas, los maestros y operarios podrían en cada taller acordar las horas de entrada, descanso y salida, es decir, se daba libertad a cada taller, siempre que hubiera acuerdo entre las partes.
  2. El apartado de la herramienta aguzada sería realizado por la persona que el maestro designase.
  3. La prohibición del trabajo dominical.

El acuerdo entró en vigor, en efecto el 1 de septiembre de 1899. Con motivo de esta conquista la Sociedad de Canteros y Marmolistas celebró un banquete el día 10 de ese mes, celebrado en el café de las Cuatro Estaciones. La importancia de esta conquista hizo que la concurrencia fuera masiva, con 600 asistentes, y representantes de todas las colectividades obreras del Centro Obrero de Madrid (todavía faltarían unos años para inaugurar la Casa del Pueblo), y de El Socialista. Los oradores insistieron en cómo la unión de los trabajadores daba sus frutos. Especial fue la intervención de Miguel Villegas, a la sazón presidente de la Sociedad.

Hemos trabajado con los números 664, 704 y 705 de El Socialista.

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