Las primeras preocupaciones medioambientales para los socialistas

Historia

Las cuestiones climáticas interesaron siempre a los socialistas por sus consecuencias sociales, especialmente en los duros inviernos en las ciudades, y que condenaban a sufrir grandes penalidades y hasta encontrar la muerte a los más desfavorecidos. En su propia prensa, en los Ayuntamientos, Diputaciones y en el Parlamento los socialistas clamaron contra estas situaciones, denunciando desidias y proponiendo soluciones. Algo parecido ocurría cuando se producían temporales o catástrofes naturales. Pero también es cierto que, a medida que avanzamos en el siglo XX, especialmente a partir de la década de los años veinte, el PSOE comenzó a interesarse también en cómo evitar catástrofes naturales, especialmente las relacionadas con las crecidas de los ríos por temporales, intentando espolear a las autoridades para que tomaran medidas, pero, sobre todo, se emprendieran políticas preventivas. En este artículo nos centraremos en dos ejemplos de la década citada: las riadas de 1924 y 1927-1928.

 

España padeció una serie de riadas en el final del otoño de 1924. El Socialista del 8 de diciembre de ese año afirmaba que habían causado graves pérdidas económicas en algunas regiones, agravadas por la pérdida de cosechas a causa de un verano excesivamente caluroso. Parecía evidente que la ciencia no podía regular las lluvias, pero sí evitar los daños que producía su exceso en la economía y en las vidas de las personas. Por eso, los socialistas defendían que se emprendiera una activa política forestal de repoblación de los montes, que podría ayudar a cambiar las condiciones atmosféricas, y fomentar una cierta normalidad pluvial. Pero, además, esa reforestación impediría que el agua caída torrencialmente por las laderas arrastrase la tierra y la escasa vegetación a los ríos, quedando obstruidos los cauces, que se desbordaban y provocaran inundaciones en pueblos y sembrados. Los árboles tenían una gran función para sostener la tierra, crear vegetación de arbustos, ayudando a regular el paso del agua. Las grandes avenidas de agua dejaban sin tierra al monte y hacían improductivos los valles. La plantación de árboles era, en conclusión, la solución. En este sentido, el periódico recordaba la situación forestal española con talas salvajes de los montes sin repoblarlos después.

Plantar árboles era, además, beneficioso por sus rendimientos económicos industriales y domésticos, pero también había su dimensión recreativa en relación con el paisaje.

Los socialistas querían que se emprendiese, además, una política para hacer comprender a la población el valor de los montes, y se tomase en serio la repoblación forestal. Se defendía, por lo tanto, la necesidad de educar en la importancia del árbol y de la naturaleza, comenzando en la primaria. Dedicar un día a la Fiesta del Árbol era ineficaz, porque lo que realmente cambiaba era el esfuerzo cotidiano, y no lo esporádico. Además, como denunciaban los socialistas de Jerez en 1928, la Fiesta del Árbol estaba bien, pero había que cundir con el ejemplo y no talar ejemplares magníficos como se había hecho en la ciudad, y cuidar adecuadamente los árboles que adornaban la misma, es decir, ser consecuentes.

En las segundas riadas que aquí hemos señalado el periódico obrero criticaba a quienes se lamentaban cuando se producía este fenómeno, que se podía haber evitado si se hubiera emprendido, en este caso, obras de encauzamiento indispensables para evitar los daños, pero en España no había previsión, un problema que se hacía extensible a la conservación de caminos y carreteras, el saneamiento de los campos, la repoblación de montes, como hemos visto en el caso anterior, y la urbanización de pueblos y ciudades.

En este segundo artículo se aludía a un caso concreto para denunciar, además, lo que se terminaba por hacer en algunas situaciones, atendiendo solamente a los intereses particulares. Se citaba el caso del río Caudal en Asturias. Al parecer, en el año anterior había derribado el puente que comunicaba Mieres con el ferrocarril, había invadido la vega y causado muchos destrozos. Pues bien, se emprendieron obras de encauzamiento del río, pero solamente se habían realizado en la parte que convenía a la Compañía ferroviaria, por lo que en caso de nuevas inundaciones el peligro aumentaba, ya que esas obras producían una gran resistencia en la corriente del cauce. Si aumentaba el agua buscaría un camino para marchar, por lo que los vecinos de Mieres se temían lo peor.

Hemos trabajado con los números 5567, 5896 y 5928 de El Socialista.

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