Los inicios del socialismo en Rumanía

Historia

El socialismo rumano se limitó durante mucho tiempo a un núcleo de activistas y pensadores debido a la escasa fuerza del proletariado en un país muy atrasado industrialmente. Esos intelectuales tenían una clara influencia cultural occidental, especialmente francesa, pero también suiza. La segunda influencia procedía de Rusia, mucho más cercana, gracias a un conjunto de refugiados rusos.

 

La figura clave en la primera etapa del socialismo rumano sería Constatin Dobrogeanu-Gherea, que había nacido en lo que entonces era territorio ruso en Ucrania en el año 1855. Fue el introductor en Rumania del marxismo, además de ser clave para la renovación intelectual del país, especialmente desde la revista Contemporaneul. Allí defendió la idea del artista comprometido, y realizó una aplicación del marxismo al campo de la estética. Dobrogeanu, además, creía que el proceso de implantación de la superestructura política y jurídica podía en los países subdesarrollados ser anterior a los cambios económicos que, según el marxismo, debían ser los primeros. También escribió sobre la servidumbre en Rumania, ya que el país seguía con estructuras claramente feudales.

Sin lugar a dudas, Dobrogeanu fue un personaje clave como revulsivo entre los pioneros del socialismo rumano para formar en 1893 un partido socialista. Pero no terminó claramente de cuajar. A finales de la década, en 1899, Mortzun y Nadejde defendieron públicamente que el partido debía desaparecer porque, realmente, la mayoría de sus componentes se había pasado a la formación liberal.

La relativa modernización industrial de Rumania al comenzar el nuevo siglo XX fue acompañada por una revitalización del socialismo. Se crearon nuevos grupos. Entre ellos, el más destacado fue Rominia Muncitoare. Los socialistas rumanos estuvieron presentes en el Congreso de Stuttgart de la Segunda Internacional.

El repunte del movimiento socialista rumano de principios de siglo sufrió un serio revés muy pronto. La represión que se desató a raíz de las revueltas campesinas de 1907 alcanzó a los socialistas, aunque su responsabilidad en las mismas fue nula, quedando en un apoyo testimonial.

Si Dobrogeanu había sido la figura fundamental del socialismo rumano a finales del siglo XIX, en los comienzos del XX aparecería con fuerza Christian Rakovski, un búlgaro nacionalizado rumano. En 1898 salió publicado su libro titulado Rusia y Oriente, que se hizo muy famoso. Rakovski fue un personaje muy peculiar. Si por un lado era un claro revolucionario, por otro era hacendado. Además, tenía importantes contactos en media Europa, tanto en Francia donde estudió medicina, como en Alemania donde conoció a Rosa Luxemburgo. Consiguió revitalizar al Partido Socialdemócrata de Rumanía. Pero fue expulsado del país a raíz de la represión desatada por los movimientos campesinos. Eso le hizo adquirir un gran protagonismo por todos los Balcanes y en la propia Revolución Rusa en la que participó en su defensa frente a los rumanos. Estuvo también en el movimiento revolucionario de Ucrania, siendo la cabeza de su República Soviética hasta 1923, cuando fue nombrado embajador de la Unión Soviética en Londres y París. Rakovski defendía una tesis parecida a la de Trotski al rechazar la revolución en un solo país, terminando por enfrentarse a Stalin, siendo una de las víctimas de las purgas.

En conclusión, el socialismo rumano se caracterizó durante el período previo a la Gran Guerra por una evidente debilidad, aunque resistió la represión del gobierno gracias al mayor poder sindical.

Podemos consultar el trabajo de Roger Portal, El socialismo en los países balcánicos”, en la magna obra dirigida por Jacques Droz, Historia General del Socialismo, publicada en España por Destinolibro en 1979, aunque hay ediciones posteriores.

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