Rodolfo Llopis ante el triunfo laborista de Harold Wilson de 1964

Historia

Las elecciones del 15 de octubre de 1964 permitieron el regreso al poder a los laboristas después de trece años, y esta vez de la mano de Harold Wilson. Los socialistas españoles, siempre atentos a la política británica, no pudieron dejar de hacerse eco de esta victoria, felicitando a sus colegas, pero, además, Rodolfo Llopis realizó un análisis en las páginas de Le Socialiste, el nombre de El Socialista en aquella época.

 

La victoria no fue muy holgada, ya que los laboristas sacaron apenas doscientos mil votos más que los conservadores, es decir, un 44’1º frente a un 43’4%, que se tradujo en 317 frente a 304 diputados. Este hecho le hizo a Llopis criticar a los comentaristas políticos que, al parecer, nada más conocerse los resultados habían dado consejos sin que nadie los pidiera, vaticinando catástrofes de todo tipo. Estos comentaristas se habrían compadecido de la escasa mayoría laborista, lo que, según sus opiniones, obligaría a Wilson a pactar con los liberales y, por lo tanto, a renunciar a los principales puntos del programa laborista. En consecuencia, el gobierno resultante arrastraría una vida precaria y carecería de la fuerza necesaria para afrontar las reformas que se habían prometido.

Pero para Llopis ya en los pocos días que Wilson llevaba al frente del gobierno había demostrado su energía, y que los laboristas tenían un plan bien meditado sobre un estudio profundo de los problemas fundamentales, además de que había designado con prontitud a las personas que debían componer el ejecutivo. Además, había enviado a su ministro de Exteriores a Estados Unidos sin esperar a que terminara la campaña electoral norteamericana (en la que fue elegido Lyndon B. Johnson), mientras que otros ministros viajaban a Francia y Alemania. Por fin, los ministros del área económica se habían constituido en sesión permanente para hacer frente a la que consideraba Llopis la “triste herencia” que habían dejado los conservadores.

Llopis quería dejar claro el dinamismo y la determinación de Wilson desde el primer momento como medio para frenar cualquier especulación política, además de informar que no iba a hacer concesiones a los adversarios porque el gobierno iba a ser netamente laborista.

El líder socialista español explicaba en su análisis que los laboristas habían repetido en la campaña electoral que la situación económica británica era mala o muy mala, y que los conservadores estaban dejando una herencia muy difícil. Llopis afirmaba que no eran exageraciones propias de las campañas electorales porque la realidad era aún más dura. El déficit de la balanza de pagos era muy alto. El país habría vivido de empréstitos y las reservas habían disminuido drásticamente. Si no se actuaba con rapidez habría que devaluar la libra, una decisión que calificaba de desastrosa para la economía británica y para la de otros países. Por eso se había establecido una tasa del 15% para determinadas importaciones, que desaparecería en el momento que se alcanzase el equilibrio de la balanza comercial. Los laboristas habían prometido sanear la economía y lo harían. Esta determinación le valía a Llopis para reafirmar su fe socialista, que siempre tenían que lidiar con pesadas herencias y que para salvar situaciones catastróficas generadas por otros tenían que aplicar medidas drásticas.

El programa laborista incluía un plan de construcción de viviendas, acabar con la especulación urbanística, reformar la enseñanza, y nacionalizaciones. Al mismo tiempo, en política exterior, el gobierno tenía que enfrentarse con los “viejos problemas” de la OTAN y del Mercado Común, y con los nuevos derivados de la bomba china y “la desgracia” que había creado Kruschev.

Wilson había prometido presentar un balance de lo realizado en cien días. Llopis también estudiaba las reacciones que había provocado la victoria laborista. “Las fuerzas reaccionarias” de todos los países habían tomado como propia la derrota conservadora frente a la alegría de las fuerzas socialistas y progresistas del mundo. Llopis aludía a la impresión de satisfacción que había recibido esos días en Roma de Saragat y Nenni por la victoria laborista. Al parecer, el Partido Socialista Democrático Italiano de Saragat había empleado en plena campaña electoral municipal un cartel con los mapas del Reino Unido e Italia donde se alababa el voto obrero hacia los laboristas como ejemplo de lo que había que hacer en Italia.

Y como no podía ser de otra manera, había una interpretación de la victoria laborista en clave española. Para Llopis los franquistas se habían indignado con esta victoria porque habían sido los que menos habían disimulado su malhumor. Las relaciones diplomáticas entre ambos países se habían enfriado en los últimos tiempos incluso con los conservadores en el poder. Llopis interpretaba los anteriores elogios de la prensa franquista a Wilson como un medio para molestar a los gobiernos conservadores hasta que llegó el asunto de las fragatas. En el debate que se suscitó en los Comunes los laboristas se opusieron a los proyectos del gobierno conservador, significándose en el mismo el propio Wilson. Los laboristas no se oponían a que el Reino Unido comerciase con España, pero no a que se entregasen armas o navíos de guerra porque podrían servir para defender la tiranía y combatir la libertad. La presión parlamentaria hizo que el gobierno retirara el proyecto en junio de ese mismo año. Eso provocó el lógico enfado de las autoridades españolas, que se lanzaron en tromba contra el Partido Laborista y su líder. En todo caso, los Estados Unidos corrieron en socorro de Franco.

Para demostrar el enfado español por la victoria laborista Llopis aludía a la nota que había publicado Le Figaro el 17 de octubre donde se decía que se esperaba que las relaciones hispano-británicas se enfriarían, recordando el asunto de la fragatas. Debemos recordar que Fraga convocó a la prensa extranjera el 24 de octubre para darles cuenta de una declaración del ministro de Marina sobre la anulación de las maniobras navales conjuntas “Spanex IV” por decisión del Almirantazgo británico. Pero al poco se habían realizado otras en Cádiz con fuerzas norteamericanas.

Podemos acudir al número 151 de 12 de noviembre de 1964 de Le Socialiste

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