Comercio y cooperativismo en Enrique de Francisco

Historia

En nuestro objetivo de profundizar en la historia del cooperativismo nos acercamos a la figura de Enrique de Francisco, que tanta relevancia tuvo en la organización del Partido Socialista en tiempos de la Segunda República y el exilio, además de pertenecer a la Masonería, y ser diputado. Había trabajado de viajante de comercio, siendo fundador en 1899 de la Asociación de Dependencia Mercantil y director de su semanario El Descanso Dominical, por lo que conocía bien el mundo del comercio, pero también del cooperativismo, ya que estuvo en la fundación de la Cooperativa Socialista Madrileña y en la constitución de la Federación Nacional de Cooperativas, justo unos días antes de la conferencia que impartió en la Casa del Pueblo madrileña en marzo de 1928 con el título de Comercio y Cooperación, y donde hizo una resumen de la creación y florecimiento de la Cooperativa “Alfa”.

 

De Francisco hizo una interpretación del comercio en el capitalismo como productor de mercancías no para para satisfacer necesidades sino para conseguir ganancias. Si se hiciera para cubrir las necesidades no habría competencia.

Por otro lado, consideraba que el comercio no era un vehículo de civilización. Eso lo eran las artes, las ciencias y el trabajo, pero no el comercio, que había sido empleado para explotar lo que se había conquistado. Prueba de ello era que durante la Gran Guerra había permitido a algunos poder enriquecerse de forma escandalosa, algo que no habrían conseguido tan fácilmente si no hubiera mediado una guerra. Por eso, tampoco se podía considerar el comercio como un prototipo de moralidad.

Pero mientras el comercio buscaba el beneficio, la cooperación coordinaba los esfuerzos para satisfacer necesidades, prescindiendo de esos beneficios, o lo que era lo mismo, devolviendo esos beneficios a los consumidores.

La cooperación, en su opinión, no debía ser neutral en cuestión de ideas. No bastaba con vender buenos productos, sino que, además, la cooperación debía perseguir un ideal. Los objetivos inmediatos del cooperativismo eran poder librar al trabajador de la especulación del comercio privado, por lo que la cooperación debía buscar la emancipación de los trabajadores. Ponía, en este sentido, como ejemplo la vinculación del cooperativismo británico con el movimiento obrero y el Partido Laborista, porque los cooperativistas habían entendido que no podían vivir separados del conjunto de la clase obrera. Y, también, recordaba cuando se había fundado la Cooperativa Socialista Madrileña, y cómo había prosperado.

En relación con el cooperativismo de producción aludía a que se decía que era imposible ponerlo en marcha y que, además, solamente pretendía convertir a los obreros en capitalistas. Era cierto que el cooperativismo de producción encontraba, en su opinión, más dificultades para funcionar que el de consumo, pero se podían vencer. Por eso quiso desmentir estas afirmaciones explicando el caso de la Cooperativa “Alfa” de Eibar, cuyo origen parecía casi idéntico al de la cooperativa de Rochdale, la pionera en el mundo, y modelo para muchas posteriores.

Así pues, en 1921, como consecuencia de la elevación del coste de la vida, los obreros pidieron un aumento salarial, negándose los patronos. Intervino la Junta Local de Reformas Sociales, que dio la razón a los trabajadores, pero no hubo forma de obligar a los patronos a transigir, prolongándose, por lo tanto, la huelga. Aunque podría haber durado muchísimo tiempo, dado que los obreros de Eibar contaban con recursos, surgió la idea entre los huelguistas de poner en marcha una cooperativa. En pocos días se reunieron cincuenta mil pesetas, y consiguieron que un empresario les vendiese una fábrica, aunque a un precio mucho más elevado.

Las condiciones eran duras, pero los trabajadores estaban por la labor y se firmó la escritura en octubre de ese año, aportando de un golpe las cincuenta mil pesetas acumuladas. La fábrica se había dedicado a la fabricación de revólveres automáticos, y era el propósito fabricar el revólver de cilindro para el mercado americano. Era necesario transformar las máquinas y las herramientas. Como no había dinero para pagar los salarios, se les pagaba con bonos canjeables en la cooperativa de consumo por alimentos.

La patronal de Eibar había pronosticado la ruina de la fábrica. Pero antes de dos meses se probaba el primer revólver, comenzando a vender, a pagar los plazos de la compra y a pagar con dinero a los obreros. Y eso había ocurrido por la calidad del revólver fabricado. Como se vendía mucho, Estados Unidos aumentó los aranceles de su importación para que no fuera competitivo, y hasta llegó a cerrar el mercado.

De Francisco, además, recordaba que los salarios que cobran los trabajadores de la Cooperativa “Alfa” eran de los más altos que se percibían en España dentro de la industria metalúrgica, cumpliendo rigurosamente la jornada de las ocho horas. La distribución de los beneficios entre los socios no podía exceder del 10%, destinando de un modo social el resto, según lo marcado por los propios socios. Después, la Cooperativa se había dedicado a fabricar máquinas de coser porque los trabajadores, en aras de sus ideales, habían preferido hacer instrumentos para el trabajo y no para la muerte.

Hemos trabajado con el número 5951 de El Socialista, de marzo de 1928, y con el Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

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