Los diplomáticos obreros en el período de Entreguerras

Historia

En el período de Entreguerras hemos encontrado referencias a la necesidad de que los obreros organizados se incorporasen al ámbito diplomático como agregados en las embajadas, y más desde que se constituyó la OIT. Tenemos que tener en cuenta que en Europa se produjo un debate sobre el tipo de diplomacia que se había ejercido antes de la Gran Guerra, llena de secretos, oscuridad, formando un mundo muy elitista, donde se había refugiado parte de la aristocracia europea, y que había constituido un factor importante entre las distintas causas que habían llevado a la Gran Guerra. El propio presidente Wilson criticó esa forma de hacer diplomacia en sus Catorce Puntos, y que la Sociedad de Naciones, en principio, intentó superar. Por nuestra parte, hemos estudiado en este medio de El Obrero la posición de los socialistas españoles sobre la necesidad de cambiar las estructuras diplomáticas, y las reformas emprendidas por la Segunda República.

 

En este contexto se produjo una iniciativa en México con el presidente Plutarco Elías Calles, que presidió aquella República entre 1924 y 1928, un reformador intenso con la creación del Banco de México, las infraestructuras, la educación, además de producirse en su mandato la Guerra Cristera.

Pues bien, Calles creó la figura del agregado obrero en las embajadas y legaciones mexicanas, dependiente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y cuya misión consistiría, según el escritor, profesor y político republicano español Luis de Zulueta, que llegaría a ser ministro de Estado entre 1931 y 1933, en estudiar los problemas sociales y en informar al Gobierno mexicano acerca de la evolución de los trabajadores y de las cuestiones de trabajo en el mundo. Zulueta informaba, además, que se había nombrado a un agregado obrero en la embajada en Washington.

Efectivamente, Luis de Zulueta, a propósito de esta iniciativa mexicana, teorizó sobre lo que denominó la “diplomacia del trabajo” en un artículo que publicó en mayo de 1925, y que debió interesar mucho a los socialistas porque se reprodujo en El Socialista.

Zulueta criticaba en su artículo la vieja diplomacia, la de las “trufas y el champán”. El mundo avanzaba, cambiaba, pero había corporaciones e instituciones que parecían perdurar casi intactas en el tiempo, como vestigios del pasado. Casi toda Europa era democrática y, sin embargo, la diplomacia mantenía sus viejas estructuras. Las grandes democracias estaban promoviendo que la política exterior se discutiese por la opinión pública, pero luego mantenían en sus embajadas ese viejo mundo de la época de “Luis XIV”, como un coto de la vieja aristocracia, con muy pocas excepciones.

Zulueta quería dejar claro que la reforma de la diplomacia no era un asunto sin importancia, porque si seguía siendo antiliberal y secreta podía contribuir a desencadenar guerras. La democracia interna de los estados debía aplicarse a la política internacional porque mejorarían las relaciones y se alcanzaría la paz. Algo parecía estar cambiando y de ahí que expusiera el caso mejicano con los “diplomáticos obreros”, una reforma que parecía impensable hasta hacía bien poco, pero eso iba en consonancia con el signo de los tiempos, ya que ya había representantes de los obreros que ocupaban cargos de poder en los estados.

Los diplomáticos obreros contribuirían, en su opinión, a innovar las representaciones diplomáticas. Llevarían a las embajadas y legaciones una “seria nota de franqueza, de opinión pública y de pacífica fraternidad”. Además, mantendrían constantes relaciones con los trabajadores de los países donde estuvieran destinados, y se podrán mover de forma libre en un mundo reservado hasta ese momento a las viejas jerarquías. Si este ejemplo se imitase, a buen seguro, afirmaba Luis de Zulueta, se habría dado un paso en la democratización de la diplomacia, que equivalía a trabajar por la paz futura. Con una intervención obrera, por muy modesta que fuera al principio, serían más difíciles los manejos secretos, las “combinaciones ocultas”, que podían desencadenar conflictos.

Hemos trabajado con el número 5088 de El Socialista, del 28 de mayo de 1925. En la hemeroteca de El Obrero encontrará el lector interesado nuestros trabajos sobre la vinculación del movimiento obrero con la diplomacia, y con las reformas de la misma, en las que el propio Zulueta tendría un protagonismo evidente.

Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido