Los socialistas ante el fin de los Consumos en 1911

Historia

Los Consumos fueron al conjunto de impuestos indirectos que gravaban el consumo de la población. La denominación aludía a varias figuras impositivas, generando cierta confusión hasta la reforma hacendística de Mon-Santillán de 1845, cuando por vez primera se ordenó y estructuró el sistema fiscal español en el Estado liberal.

 

En ese momento se creó la Contribución General de Consumos. Era un impuesto general, ordinario e indirecto que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”. A cada población se le asignaba una cantidad anual que debía remitir a la hacienda pública. La cantidad se calculaba atendiendo al número de habitantes de cada localidad, entre otros criterios.Los Ayuntamientos estaban autorizados a imponer recargos sobre los productos gravados de hasta un 100%. De esta manera, esta contribución se convirtió en la principal fuente de ingresos, tanto de la Hacienda nacional, como de las Haciendas locales.

Los Consumos generaron muchos problemas por las dificultades para su recaudación, coexistiendo varios procedimientos para hacerlo. Pero la polémica principal tenía que ver con el hecho de que gravaba productos de primera necesidad, afectando a las clases populares. Muchas de las revueltas, protestas y motines decimonónicos tuvieron que ver con el deseo de la población de rebajar o suprimir los consumos, o esta demanda acompañaba a otras de diverso signo, como las que tenían que ver con el sistema de reclutamiento, y la elevación de los precios por la falta de pan, dadas las periódicas crisis de subsistencia que aún en el siglo XIX se daban en España. Los Consumos encarecían el precio final de los productos pero además su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes pudieron zafarse de los Consumos gracias al fraude. Por otro lado, se protestaba también porque los intermediarios basaban sus negocios en el recargo y encarecimiento de los productos básicos.

En 1904 se abolieron los que gravaban el trigo y sus derivados. En 1911 fueron suprimidos definitivamente, aunque fueron, en muchos casos, sustituidos por otros impuestos indirectos, que no significaron una mejora fiscal para las clases humildes.

Como hemos estudiado en distintos artículos, publicados por El Obrero, los socialistas lucharon constantemente contra esta fiscalidad. Cuando se suprimió El Socialista realizó una serie de consideraciones, que son el objeto principal de esta pieza.

En primer lugar se consideraba que podía resultar pueril considerar que desde el primer momento se iban a notar los efectos de la supresión del impuesto de Consumos por la propia estructura económica del país, el abandono de los Municipios, y por la codicia de proveedores e intermediarios. En todo caso, como se reconocía que había triunfado un principio de equidad con esta supresión, a pesar de los inconvenientes con los que todavía había que tropezar.

Los socialistas pensaban que si los Ayuntamientos administraban bien las alternativas que se habían aprobado por la supresión del impuesto, y organizaban bien las Haciendas locales, podrían beneficiar a sus vecinos, aunque se insistía en el poder de los intermediarios. Por lo que sabemos de nuestras investigaciones estos temores no eran infundados. Pero la clase trabajadora podía hacer mucho para sacar beneficios de la nueva situación, y no solamente mantenerse alerta ante los posibles incumplimientos de la ley, sino tomando la iniciativa para soslayar, precisamente, a los intermediarios. Y esa alternativa pasaba por el cooperativismo. Los trabajadores, a través de las cooperativas, podrían encontrar muchos beneficios, y conseguir que los precios de los productos se abaratasen claramente.

Hemos trabajado con el número 9 de junio de 1911 de El Socialista, y no olvidemos consultar en la hemeroteca digital la voz “consumos”, para encontrar trabajos sobre la historia de este impuesto.

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