Cuando el PSOE condenó los terrorismos entre 1894 y 1899

Historia

En el Manifiesto que elaboraron los delegados del IV Congreso del PSOE del año 1894 se manifestó que era un “error grosero” atribuir al Partido Socialista “innobles aspiraciones”. El Partido nunca había pretendido destruir propiedad alguna, ni, por supuesto, atentar contra las personas propietarias. Lo que se pretendía era transformar la propiedad y destruir las instituciones privilegiadas, consideradas como caducas. Los socialistas nunca habrían demostrado con palabras o hechos que fueran partidarios de destruir la riqueza, ni de arrebatar la vida a ninguno de sus poseedores.

 

En el Partido Socialista, defensor siempre de la “acción común y organizada del proletariado” como medio para acabar contra los antagonismos y odios, no cabían los partidarios de la propaganda por el hecho. Eso ocurría en “otro campo”, que era considerado, a juicio de los socialistas, como uno donde se podían encontrar afinidades con el “espíritu burgués” donde figuraban aquellos que se proponían, mediante la realización de actos individuales, modificar el orden social.

Los socialistas habrían sido los primeros en combatir este procedimiento porque era calificado de “brutal y erróneo”, pero que también, en última instancia, servía a la clase

expoliadora porque usaba los atentados para mermar las libertades políticas y perseguir a todos los elementos activos del proletariado. El PSOE no quería hacer volar edificios ni arrancar la vida a explotadores o a sus defensores, sino organizar al proletariado, realizar una labor pedagógica y ofrecerle una disciplina y cohesión para mejorar su estado cuanto fuera posible y para que lograra en el futuro la implantación de la igualdad social.

Pero, por otro lado, en su V Congreso (septiembre de 1899 en Valencia) el PSOE acordó protestar enérgicamente contra la prórroga acordada por los poderes públicos a favor de la ley de excepción que condenaba la propaganda anarquista, además de persistir en la campaña de revisión el Proceso de Montjuïc, hasta lograr que se hiciera justicia a las víctimas de “bárbaros tormentos”, pero sin tomar parte en ningún acto donde se pidiera venganza, ni en manifestaciones que pudieran producir hechos violentos.

En conclusión, los métodos terroristas, ejercidos por una parte del anarquismo, siempre fueron enérgicamente condenados por el Partido Socialista, pero también se combatieron aquellas decisiones tomadas por el poder para reprimir a los anarquistas, y al movimiento obrero en general, sin discriminación. Ni terrorismo de grupos o individuos, ni terrorismo de Estado.

Podemos acudir a los números del tres de septiembre de 1894 y del veintidós de septiembre de 1899 de El Socialista, como fuente.

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