La importancia de la formación, la bondad y la salud para el socialismo (1912)

Historia

Vida Socialista incluyó en su número del 7 de abril de 1912 un artículo del Dr. Terwagne donde se explicaba la misión del socialismo en relación con la cultura o formación, la bondad y la salud, que queremos glosar en esta pieza.

 

Los socialistas provocaban entre la clase obrera una “verdadera germinación intelectual”. El obrero que se afiliaba al Partido Obrero quería conocer las bases fundamentales del programa colectivista, y, en consecuencia, estudiaba, reflexionaba y desarrollaba su inteligencia. Por eso, el Partido Socialista sería el “verdadero partido intelectual”.

Pero para ser socialista en su más amplia y humana concepción del término, no bastaba con contar con una formación, sino que era fundamental y necesario aplicar ese conocimiento al servicio del “sentimiento de la bondad”. Y eso era así porque la aspiración del socialismo era crear una sociedad nueva donde los hombres fueran buenos. Los socialistas debían esforzarse, aunque las circunstancias no fueran favorables, en ser buenos para ofrecer al mundo un ejemplo de lo que sería la futura humanidad socialista. Pero, dado el carácter intelectual del socialismo, se era consciente que esos sentimientos no se improvisaban y ni dependían solamente de la propia voluntad.

Y aquí entraba en juego la salud, factor fundamental para desarrollar la bondad. Así pues, todo socialista debía cuidar su salud, la de los suyos e interesarse por la general. La mejor manera de favorecer la percepción de ideas sanas, de concepciones justas, de sentimientos generosos, que proporcionar al cuero su desarrollo integral, sin los sufrimientos que proporcionaba una existencia enfermiza. Nuestro autor asociaba la vida sana con un pensamiento recto, reflexivo antes de obrar, y que pudiera encarar el trabajo con gusto y afrontar con tranquilidad las dificultades de la vida. Pero para vivir con salud había que vivir según indicaba la Naturaleza.

Y aquí estaba el problema, porque los trabajadores vivían encorvados bajo el yugo del capitalismo y encontraban grandes dificultades para vivir según las reglas de la higiene. Para conquistar el pan tenían que trabajar en lugares malsanos, y gastar con exceso sus fuerzas.

En todo caso, cada obrero podía individualmente remediar en parte esta destrucción de su cuerpo adquiriendo conocimientos sobre higiene y ponerlos en práctica: limpieza personal, limpieza en su vivienda, ventilación, alimentación sencilla, abstenerse de consumir alcohol, reposo y recreo intelectual. El socialismo debía contar con generaciones fuertes y sanas. Todos los miembros del Partido debían comprender la necesidad de cuidar sus propios cuerpos, y de sus viviendas, combatiendo en la medida de lo posible las miserias que provocaba la “inhumana desorganización capitalista”.

Y cuando se hubiera entendido la importancia de la higiene individual, se comprendería mejor la enorme trascendencia de la higiene colectiva con el fin de asegurar el bienestar común suprimiendo las enfermedades.

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