Los inicios de la Escuela Socialista de París

Historia

En la historia de la formación de militantes y simpatizantes del socialismo tiene un lugar propio la Escuela Socialista de París, inaugurada en diciembre de 1909. En este breve trabajo nos acercamos a sus primeros años gracias a la información que nos aporta El Socialista.

Tenemos que tener en cuenta que esta cuestión de la formación fue una gran preocupación de todos los partidos socialistas. En el caso español merece un lugar destacado la Escuela Nueva. El artículo que publicó el periódico obrero se debe a Jean Texier (1888-1957). El autor fue un admirador de Jaurès, ingresando en el Partido Obrero Francés en 1903. Posteriormente, formaría parte de la SFIO, el partido que terminó uniendo a todas las tendencias socialistas francesas. Por fin, Texier llegaría a ser un destacado resistente en la Segunda Guerra Mundial. Pero el artículo de Texier tiene, además, su interés, por el ejercicio de autocrítica que realiza en relación con la formación de los miembros del Partido Socialista, y por la defensa de una formación amplia y profunda.

La Escuela Socialista fue creada con la aprobación de la SFIO gracias al esfuerzo de Paul Ramadier, Mercel Déat, Charles Spinasse y del propio Jean Texier.

Efectivamente, a finales de 1909 se inauguró la Escuela parisina con una conferencia de Lucien Lévy-Bruhl (1857-1939), uno de los sociólogos y antropólogos franceses más destacados de su época, sobre la Filosofía de la Historia, según Marx. El intelectual volvería a la Escuela, porque sabemos que inauguró el curso de 1914 con sendas disertaciones sobre Comte y sobre la situación del proletariado.

Texier reflexionaba en el artículo sobre las inquietudes que los fundadores de la Escuela sentían al ponerla en marcha porque temían a un enemigo muy potente, y que no era otro que el de la “indolencia natural de pensar y esa pereza para el estudio”, que no siempre procedía del cansancio provocado por el trabajo diario.

No debió ser muy halagüeño el inicio porque aludía a salas vacías en los cursos que se habían programado. Se decidió trasladar la Escuela, situada en pleno Barrio Latino, a la Societé Savantes en los locales del Colegio libre de Ciencias Sociales y al lado de la Escuela de Estudios Superiores Sociales, y se anunciaron nuevos cursos nocturnos tres días a la semana durante seis meses.

Al parecer, al final la Escuela remontó. Texier consideraba que ya no podía desaparecer, que era un instrumento de propaganda y de educación, laboratorio de investigaciones y de información científica desde donde pudieran salir los nuevos elementos para renovar el socialismo francés.

A la altura de 1914, la Escuela estaba dividida en tres secciones: la Escuela socialista propiamente dicha, la Escuela cooperativista y la Escuela de propagandística. Su objetivo, por lo tanto, era triple: formar socialistas con espíritu crítico para el desenvolvimiento del Partido Socialista, formar cooperativistas, aunque no sólo en los principios del cooperativismo, sino también en todo lo relacionado con los saberes comerciales, y, por fin, formar propagandistas para convencer a los indecisos y combatir a los adversarios.

Pero Texier era autocrítico con la Escuela porque consideraba que la enseñanza que se impartía podía ser calificada de superficial. Había que establecer una enseñanza “verdaderamente científica y metódica”, y una enseñanza distinta a la que se impartía en las universidades. Había que disponer, además, de personal docente fijo y retribuido, condiciones necesarias para poder exigir a los profesores el trabajo que se esperaba de ellos.

Texier defendía la necesidad de que el Partido Socialista contara con militantes cultos. La complejidad y diversidad de los problemas del momento exigía una cultura nueva. No bastaba con lo que proporcionaban los folletos y los manuales de divulgación (“vulgarización” en el lenguaje de la época). Esta falta de formación profunda era muy perjudicial para el Partido.

Texier aludía a la pérdida que había supuesto para el socialismo francés la muerte de algunos destacados miembros del Partido, como Fourniere o Francis de Pressensé (fallecido, precisamente, en enero de 1914) porque a su cultura unían una fuerza de acción. Ahora hacían falta figuras de esa talla. Por ese motivo la Escuela Socialista tenía una misión muy importante que desempeñar.

Hemos consultado el número 1719 de El Socialista, y también algunos datos en el libro de Jean-Yves Mollier et allí, La Plus longe des Républiques. 1870-1940, (1994), capítulo VI. También hemos trabajado con la entrada sobre un texto de la Resistencia de Jean Texier en el Blog Historie Géo, con el fin de ahondar en su biografía.

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