Los socialistas de Barcelona y el primero de mayo de 1894 con la suspensión de las garantías constitucionales

Historia

La significación del primero de mayo de 1894 en Barcelona radica en que las garantías constitucionales en la provincia se encontraban suspendidas, un hecho que tenía que dificultar que allí pudiera celebrarse. Si en noviembre de 1893 se había producido el atentado de la bomba del Liceu, en enero de 1894 tuvo lugar el atentado contra el gobernador civil. A pesar de ello, la Agrupación Socialista de Barcelona, siguiendo las indicaciones del Comité Nacional del Partido Socialista, se puso en marcha, consiguiendo la respuesta favorable de un conjunto amplio de Sociedades Obreras. Reunidos los representantes de la Agrupación y de las Sociedades Obreras se tomaron cuatro resoluciones. En primer lugar, no acudir al trabajo el 1º de mayo. En segundo lugar, ponerse en marcha para organizar mítines, ya que el Gobierno no iba autorizar la realización de una manifestación. En tercer lugar, había que redactar un manifiesto destinado a los trabajadores; y, por fin, efectuar gestiones para promover la movilización obrera.

El mitin del primero de mayo barcelonés se celebró en el Circo Ecuestre, lugar donde se habían ya celebrado muchos actos socialistas. El acto fue presidido por uno de los fundadores del PSOE, Antonio García Quejido. Entre 1887 y 1897 vivió en Barcelona con un corto intervalo vasco, e intervino en la fundación de la UGT. El primer orador fue José Sastre Oliveras, miembro de la UGT y de la Agrupación Madrileña, así como secretario de interior de la Agrupación Barcelonesa cuando se trasladó a vivir a Barcelona. Sastre, camarero de profesión, habló en nombre de la Sociedad de Operarios Fondistas para recalcar la injusticia del sistema capitalista.

Otros oradores insistieron en la idea de la fraternidad y de la unión de los trabajadores como medios para alcanzar las reformas necesarias para la clase obrera, como primer objetivo, y la emancipación final, siguiendo la estrategia socialista de acción. Habría que destacar a Pich i Creus, un escritor y periodista que trabajó en varios periódicos, publicando obras divulgadoras del socialismo y también de las ideas de Pi i Margall, además de un drama titulado Una huelga, que se representó en 1896. Pich i Creus examinó la situación de los trabajadores, aludiendo a la necesidad de que los trabajadores enviasen sus representantes al Parlamento, la Diputación y el Ayuntamiento. Fue un alegato a favor de la participación política y sobre la necesidad de afiliarse al Partido Socialista.

Un orador fundamental del mitin fue Josep Comaposada, uno de los socialistas catalanes más importantes entre los siglos XIX y XX. Comaposada realizó un repaso histórico del movimiento obrero en Barcelona, criticando claramente a los anarquistas cuando aludió a que los trabajadores estaban pasando por una época de desaliento porque la Revolución predicada por algunos “elementos” no había venido, ocurriendo ciertos actos que lo único que habían conseguido había sido retrasar la acción de la clase obrera. Es importante destacar que estas palabras de Comaposada provocaron una reacción de cierta parte de los asistentes, porque, seguramente había obreros que se encontraban cerca de posiciones anarquistas. Comaposada no se amilanó, porque además era apoyado por la mayoría del auditorio, y atacó con dureza la “propaganda por el hecho”, afirmando la necesidad de la unidad de la clase trabajadora según los principios de la Segunda Internacional (“Congresos obreros internacionales”).

Por fin, en el Centro de Sociedades Obreras se celebraría una velada, organizada por la Sociedad de Operarios Fondistas, y presidida por el mencionado Sastre Oliveras.

Hemos consultado los números 426 y 429 de El Socialista, y el Diccionario Biográfico del Socialismo Español. Sobre la suspensión de garantías constitucionales y el orden público en la época de la Restauración es imprescindible acudir al trabajo de Eduardo González Calleja, “La política de orden público en la Restauración”, en Espacio, Tiempo y Forma. Serie V. Historia Contemporánea, t.20 (2008), págs. 93-127.

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