Los socialistas y la democratización de la diplomacia en la Segunda República

Historia

En un trabajo anterior estudiamos el programa socialista en 1918 en relación con la reforma de la diplomacia española. Pues bien, en plena Segunda República los socialistas volvieron a plantear la necesidad de una reforma de esta parte de la Administración del Estado. En este sentido, se publicó en junio de 1933 un artículo de opinión en El Socialista donde se insistía en la democratización de la diplomacia.

No debemos olvidar que las cuestiones diplomáticas y de política exterior no fueron una prioridad para los gobiernos del bienio reformista porque el aluvión de problemas y reformas estructurales que había que emprender en España dejaron esta cuestión en un segundo plano. Tampoco los gobiernos de centro-derecha harían grandes cambios.

Pero los socialistas consideraban que uno de los pilares de la democratización del país tenía que ver con la revisión de la diplomacia tradicional española, tanto en relación con el personal como con el estilo. Había habido promesas sobre la necesidad de emprender un cambio profundo. Se habían separado algunos funcionarios y otros fueron jubilados. También se reorganizó el sistema de ingreso en la carrera diplomática, pero poco más se había hecho cuando se publicó esta columna periodística. Desde la izquierda se quería que la diplomacia dejara de ser el coto de una élite para que se abriese a todo el mundo, a la “clase proletaria de la inteligencia”. Las puertas del Ministerio de Estado (Asuntos Exteriores) debían estar abiertas a los ciudadanos que no poseyeran títulos (recordemos la estrecha relación entre la aristocracia española y la diplomacia), ni dinero para costearse la carrera.

Al parecer, acababan de celebrarse oposiciones para el ingreso en la carrera diplomática, reservadas a titulados en Derecho. Américo Castro, presidente de las anteriores oposiciones, aunque no sólo él, había solicitado en un informe elevado al ministro de Estado sobre el desenvolvimiento de los exámenes, que se abrieran las oposiciones a otros titulados, pero nada se había hecho. Los socialistas apoyaban esta reforma, aunque iban más lejos, ya que consideraban que, aunque las oposiciones debían ser rigurosas, se debía bajar el requisito de la titulación, pudiendo haber bachilleres y hasta ciudadanos sin título que fueran aptos para la carrera diplomática. Es más, también consideraban la necesidad de hubiera mujeres.

El PSOE esperaba que el ministro Luis de Zulueta, que desde diciembre de 1931 desempeñaba la cartera de Estado, tuviera en cuenta estas cuestiones.

Hemos trabajado con el número 7592 de El Socialista. Nos parece interesante consultar la obra de Miguel Ángel Ochoa Brun, Historia de la diplomacia española, Tomo XI-XII. La Edad Contemporánea, publicada por el Ministerio de Asuntos Exteriores en el año 1995.

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