La salud de los soldados en Marruecos en septiembre de 1921

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En alguna ocasión nos hemos referido a los problemas de salud derivados de la Guerra de Marruecos y su repercusión en España, especialmente en 1913, y que el lector interesado puede consultar en la hemeroteca de El Obrero. En este nuevo momento regresamos a esta cuestión en septiembre de 1921, unas semanas después, precisamente del Desastre de Annual, ahora, cuando escribimos, hace cien años.

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Fernando de los Ríos y la tragedia de Marruecos

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Fernando de los Ríos publicó un artículo en El Socialista, que lo destacó en su primera página, el 5 de septiembre de 1921 titulado “La tragedia de Marruecos y el honor”. La opinión del intelectual giraba en relación con la imposibilidad que tenía España de ejercer ningún tipo de misión en Marruecos, dado su atraso.

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La visita de Lucio Martínez a la Cárcel Modelo de Madrid en el verano de 1921

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Lucio Martínez Gil (1883-1957) fue un destacado miembro del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores. De origen humilde, trabajó de niño en el campo para luego ser zapatero. Fue miembro de la UGT y de la Agrupación Socialista Madrileña desde principios del siglo XX. Llegó a ser presidente de la Casa del Pueblo de la capital, representado a los trabajadores como vocal obrero en un sinfín de organismos en Madrid donde se destacó siempre por su trabajo. Llegó a ser diputado y miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE. También perteneció a la Masonería. Precisamente, este artículo versa sobre una de sus múltiples gestiones, realizada en el verano de 1921 en la Cárcel Modelo de Madrid, en función de su cargo en la Junta del Patronato de Prisiones de la Corte y protección de los reclusos.

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La entrevista de la UGT y el PSOE con el Gobierno en el verano de 1921

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El 20 de agosto de 1921 tuvo lugar una reunión entre Largo Caballero, Cordero y Blázquez, representando a la UGT y el PSOE y el ministro de la Gobernación el coronel Rafael Coello de Portugal, en el recién nombrado Gobierno (13 de agosto) de Antonio Maura. Coello había querido incorporarse a Marruecos como consecuencia del Desastre de Annual, y acababa de ejercer como gobernador civil de Zaragoza donde, según una de las fuentes empleadas para la elaboración de este artículo, pudo resolver de forma conciliadora los intensos conflictos sociales, pero fue nombrado ministro. Es importante destacar esta perspectiva, que encontramos en el Diccionario de la Real Academia de la Historia porque contrasta con la opinión socialista, sacada de la entrevista del día 20, y que versó, precisamente, sobre cuestiones sociales, aunque de todo el país.

Los socialistas reclamaron, una vez más, el restablecimiento de la normalidad constitucional. El ministro les informó que llevaría este asunto al Consejo de Ministros porque el Gobierno aún no se había ocupado del asunto. Aprovecharon para protestar por la que consideraban formas arbitrarias de actuar por parte de alcaldes y gobernadores en relación con la Ley de Reuniones, porque no consentían que se celebrasen actos de propaganda. Los socialistas querían saber el criterio del nuevo Gobierno. El ministro no les dio una respuesta. Les comunicó que se informaría y que, en consecuencia, resolvería. Esta fue la respuesta para casi todas sus demandas, como tendremos oportunidad de ver.

Otra preocupación de los dirigentes obreros tenía que ver con el criterio que seguía el Gobierno con los presos gubernativos. Tampoco obtuvieron una respuesta que consideraran satisfactoria, centrándose, precisamente, en su reciente gestión en Zaragoza. Los socialistas opinaban que el ministro parecía enamorado de su proceder, y le preguntaron por la situación de Chueca, al que Coello de Portugal contestó que la policía le consideraba peligrosísimo. Recordemos que José Chueca fue impresor y vendedor de periódicos, natural de Madrid, pero que desarrolló toda su vida en Zaragoza que comenzó su compromiso en el universo anarquista. En ese momento estaba, como vemos, en prisión, siendo un personaje muy perseguido en aquella época. Al final, en 1924 ingresaría en la Agrupación Socialista de Zaragoza, para morir en 1927.

Por último, los representantes de las dos organizaciones socialistas plantearon al ministro la situación de la Casa del Pueblo de Bilbao, exponiendo que los trabajadores estaban siendo atropellados, prohibiéndoles reunirse y pidiéndoles de forma injustificada los nombres de los que componían las Juntas directivas, deteniendo a treinta y seis miembros de la Casa del Pueblo, además de amenazar con cerrarla. El ministro prometió informarse inmediatamente por teléfono sobre lo que ocurría para poder tomar las medidas necesarias con el fin de normalizar la situación.

Los representantes socialistas no sacaron una muy buena impresión de la reunión, más bien, pesimista. Consideraban, como ya hemos apuntado más arriba, que el ministro se sentía muy orgulloso de lo que había hecho en Zaragoza, pero cuyo proceder calificaron de violento, en contraste con lo que expusimos más arriba. Opinaban que parecía que quería imponer ese proceder ahora en toda España desde su responsabilidad ministerial.

Al parecer, el ministro les había explicado su interpretación sobre el asociacionismo obrero con el que no estaban en absoluto de acuerdo. Según los socialistas, Coello de Portugal opinaba que los obreros podían y debían organizarse por gremios, por asociaciones de oficios, pero no debían formar grandes conglomerados de trabajadores en un mismo organismo. Los representantes socialistas le advirtieron que era una teoría peligrosa porque si así se pensaba desde el Gobierno se tenía que decretar la disolución de la UGT porque era uno de esos conglomerados u organismo centralizado, del cual formaban parte todas las organizaciones profesionales que querían pertenecer al mismo. Pero, además, le advirtieron que ese criterio chocaba con la propia Ley de Asociaciones. En este sentido, al parecer, el ministro les había respondido que la ley no importaba cuando peligraba la seguridad del Estado, porque el Gobierno no tenía más remedio que garantizar en todo momento la seguridad del Estado.

Este era el problema fundamental para los socialistas, es decir, que al ministro solamente le importaba, o le obsesionaba la seguridad del Estado en relación con los sindicatos. Con tal de dar la impresión de estar asegurada la “vida del Estado” estaba dispuesto a anular los derechos de la ciudadanía. Hemos consultado el número 3907 de El Socialista de 20 de agosto de 1921, el Diccionario Biográfico de Socialismo Español, y la biografía del ministro Coello de Portugal en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia.

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El sindicalismo internacional contra el hambre en Rusia en 1921

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Un aspecto fundamental que no se ha tenido muy en cuenta a la hora de estudiar las relaciones entre el movimiento obrero de signo socialista de Europa occidental con la naciente Unión Soviética pasa por constatar que, si por un lado, se produjo la escisión comunista en el seno del socialismo en casi todos los países europeos, incluido el español y, por lo tanto, un evidente enfrentamiento con la Tercera Internacional y con Moscú, por otro lado, los socialistas europeos fueron categóricamente contrarios a la guerra y al aislamiento que las potencias occidentales desarrollaron contra el nuevo régimen y, sobre todo, desarrollaron una intensa solidaridad con el pueblo ruso que pasó por unos años de hambruna y de extremas dificultades. Un ejemplo de esto último que afirmamos en este apunte es el ejercicio de solidaridad que realizó la Federación Sindical Internacional en el verano de 1921.

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