Las residencias de mayores en la tierra del patriotismo

Política

Sin lugar a dudas, la derecha española, tanto la política como la mediática, ha desarrollado un exitoso sistema para calar en amplias capas de la sociedad sobre su concepción del patriotismo. Sus movilizaciones multitudinarias son un ejemplo incontestable, le guste o no a la izquierda.

 

En el terreno de los sentimientos, que es el imperante en el universo del nacionalismo y del patriotismo, la izquierda se mueve con dificultad porque aporta argumentos racionales y/o conciliadores. En todo caso, la izquierda no puede dejar de emplear estos argumentos si no queremos morir todos ahogados por las mareas nacionalistas de ambos lados. En lo que habría que insistir y profundizar es en otra concepción del patriotismo basado en los derechos, en la igualdad, en el combate de todas las desigualdades y discriminaciones, con el objetivo de contribuir al establecimiento de una patria mejor.

En estos días estamos padeciendo unas explicaciones, que podemos calificar, con toda educación, de insensibles en la defensa de la gestión del Gobierno de la Comunidad de Madrid de las residencias de mayores en la pandemia. Sin entrar a comentar mucho la acusación de que el Gobierno de la nación nada había hecho, cuando hay que recordar que, en realidad, no tiene competencias en esta materia, se nos dice que los mayores hubieran muerto igual en un hospital. Parece que se olvida que no se muere igual en un hospital que en una residencia donde no hay cuidados paliativos serios, ni la atención necesaria en momentos graves de salud.

¿Para qué nos sirve esa patria de símbolos y de henchidos pechos doloridos por las felonías de los nacionalistas catalanes y por la “traición” socialista si no podemos atender a nuestras personas mayores?, ¿hay que priorizar con la vida y la muerte?, ¿no había medios extraordinarios para ayudar a quienes sufrieron, pero sí para cuestiones, supuestamente, vitales del patriotismo de nuestra derecha en la defensa, por ejemplo, de la lengua castellana? Personalmente no quiero esa patria, pero, claro está, uno pertenece a la nutrida y heterogénea ralea de la anti-España, con tan larga tradición histórica en el pasado siglo.

En estos días, uno siente rabia, dolor y una intensa tristeza.

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