El programa del PSOE para las elecciones de 1923

Historia

En este artículo glosamos el programa “mínimo” del PSOE para las elecciones de abril de 1923, las últimas que se realizaron en el sistema político de la Restauración, ya que en septiembre de ese mismo año Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado desde Barcelona, liquidando un edificio político que llevaba un cuarto de siglo en profunda crisis.

 

En primer lugar, los socialistas querían que se exigieran las responsabilidades políticas y militares de lo que había ocurrido en Marruecos, con los consiguientes castigos. Es significativo que fuera el primer punto del programa publicado, habida cuenta de la intensísima repercusión que tuvo el desastre de Annual. A eso iba unida la tradicional exigencia del fin de la guerra, un objetivo constante desde el inicio de las hostilidades de todo tipo en el norte de África, y aún antes en relación con las guerras de Cuba y Filipinas a finales del siglo XIX. En consecuencia, había que reducir los gastos militares y cerrar las Academias Militares.

En segundo lugar, estaban las cuestiones de índole político, y que eran de profundo calado, ya que se quería una reforma constitucional para que se garantizaran plenamente los derechos del individuo y de las asociaciones profesionales. También se exigía la plena libertad de asociación de los funcionarios de los servicios públicos y su participación en el control de los mismos, un asunto que luego, en tiempos de la República, generaría fuerte debate parlamentario entre socialistas y republicanos. En este sentido, también se hablaba en el programa del control obrero en las empresas, algo que también provocaría en ese mismo tiempo histórico una fuerte polémica.

Los derechos sociales no podían dejar de tener una gran importancia en el programa socialista, y que podrían conformar un esquema de estado del bienestar:

1. Seguro de maternidad.

2. Seguro de enfermedad.

3. Seguro de invalidez.

4. Seguro de paro forzoso.

La reforma agraria era otra prioridad socialista, aludiendo que debía hacerse en beneficio de cultivador directo, es decir, arrendatarios y jornaleros. Se abogaba por un crédito agrario establecido sobre la base del crédito personal y el crédito para mejoras.

La educación era prioridad socialista, a través de la escuela unificada, como se planteó en el Congreso del PSOE de 1917. La educación se contemplaba, y eso sería un principio eterno socialista como un motor social. Ninguna persona debía encontrar dificultades para aprender, para formarse, en fin, para desarrollar su vocación. Conscientes de la necesidad de fomentar la educación se planteaba que debía financiarse adecuadamente con un importante aumento presupuestario.

La reforma fiscal se convierte en otro pilar del programa socialista: no más emisiones de deuda pública ni impuestos indirectos. La alternativa era clara: el impuesto progresivo sobre la renta, pero también habría que imponer un impuesto al capital y sobre la herencia de los bienes.

La vivienda era un problema importante en aquella España por las condiciones de las mismas y por los elevados alquileres. Para abaratar las viviendas se proponía la intervención pública con una socialización progresiva de la propiedad urbana, además de con una urgente adquisición de terrenos edificables por parte de los Municipios y del Estado. Los precios de las subsistencias también debían bajar.

Un medio para combatir el paro pasaba también por la intervención pública. El Estado debía prestar ayuda económica al Municipio para emprender obras y, por consiguiente, poder contratar parados.

El programa terminaba con una alusión al caso madrileño, planteando la urgente necesidad de legislar para solucionar el problema de extrarradio, dado el crecimiento demográfico de la ciudad y la enorme falta de servicios básicos. Además se pedía un cambio legal en relación con el Metro.

Hemos consultado el número 4435 de El Socialista.

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