Shakespeare en la Casa del Pueblo de Madrid (1916)

Historia

Algún día habrá que hacer el estudio monográfico de la labor cultural que el movimiento obrero socialista español ha realizado en la Historia, aunque ya contamos con un primer acercamiento profundo de la mano de la monografía, a la que hemos recurrido en distintas ocasiones, de Francisco de Luis Martín, La cultura socialista en España, 1923-1930, publicada en 1993 por la Universidad de Salamanca.

 

Pues bien, hoy nos vamos a 1916, al año en del tercer centenario de la muerte de William Shackespeare, porque los trabajadores socialistas madrileños decidieron no dejar pasar esta efeméride. Por eso se puso en marcha un ciclo de conferencias sobre el dramaturgo inglés, que desarrollaría Andrés Ovejero (1871-1954).

Nuestro orador fue catedrático de Teoría de la Literatura y de las Artes en la Universidad de Madrid, además de otras responsabilidades educativas previas, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE y diputado por Madrid, aunque terminaría dándose de baja en el Partido por la radicalización del mismo. Inmediatamente después de la guerra consiguió ser rehabilitado y seguir desarrollando una función docente y pertenecer al Patronato del Museo del Prado. Ovejero se destacó mucho durante varias décadas por su labor cultural en el ámbito del socialismo español con infinidad de charlas y conferencias, muchas de ellas en el propio Museo del Prado.

En este artículo nos centraremos en su charla inicial del curso citado, celebrada en la noche del 9 de junio de 1916, llenando el salón de la Casa del Pueblo, un dato siempre a tener en cuenta. Ovejero destacó que en las naciones beligerantes se celebraban oficialmente los centenarios de Cervantes y Shakespeare, pero no en España, en una introducción que pretendía ser una denuncia. Según el profesor, los gobernantes que habían hecho perder a España su imperio colonial pretendían que se perdiera ahora la memoria de los “grandes hombres españoles”, como lo había sido Cervantes.

Pero los obreros sí habían celebrado actos para conmemorar al escritor español, y ahora hacían lo propio con el inglés. Ovejero llegó a afirmar que esa noche el ministro de Instrucción Pública podría aprender mucho en la Casa del Pueblo.

El catedrático explicó a los trabajadores asistentes que había habido solamente tres teatros originales, el griego, en el que sobresalieron Esquilo y Aristófanes, el inglés con Shakespeare, y el español, del siglo XVII con Lope de Vega y Calderón de la Barca.

Culpó a los protestantes de haber ahogado el genio dramático después de Shakespeare, tanto como a los luteranos de Alemania de haber dado fin a la pintura después de Durero, y a la Iglesia Católica por ser, supuestamente, responsable de un siglo XVIII tan pobre para España.

Realizó una rápida biografía del dramaturgo, para entrar en el meollo de la charla que tenía que ver con sus obras.

En este sentido, expuso que la producción dramática de Shakespeare podía dividirse en tres grupos o períodos, que serían de los que se ocuparía en cada conferencia, es decir, que en esta charla inaugural trazó el plan del curso. En todo caso, se centró en la primera etapa, que consideró tenía un gran valor literario, pero que era la que menos se estimaba. Sería el grupo dedicado a las obras históricas, destacando Ricardo III, además de las obras fantásticas, como El sueño de una noche de verano, “comedia deliciosa, escrita con una sencillez encantadora”.

A pesar de ser históricas o de fantasía, siempre en opinión del conferenciante, estaban llenas del brillo del genio de Shakespeare.

Los tipos de estas obras eran definitivos, sobre todo el de Ricardo III, encarnación del disimulo, la ambición, y de la tiranía. Schiller había dicho que era la mejor representación que jamás se había escrito del tirano ambicioso y falso. Para demostrar sus afirmaciones Ovejero, como gran didacta que fue, leyó varias escenas de este drama histórico, así como de El sueño de una noche de verano, para, en este caso, realzar el espíritu democrático que revelaba el autor en esta comedia al encomendar los papeles de fantasía a personajes que representaban ser menestrales, caldereros, zapateros, etc. Además, hizo un ejercicio de literatura comparada, porque hallando cierta relación entre ese espíritu y el que habría inspirado a Cervantes en el entremés La elección de los alcaldes de Daganzo, leyó, para demostrarlo, algunos de los fragmentos de esas obra. No nos resistimos a seguir con reseñas de conferencias así.

En medio del Madrid obrero se leía a Shakespeare, a Cervantes, hace más de cien años.

Hemos consultado el número 2577 de El Socialista, de 10 de junio de 1916.

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