Socialismo y democracia en Rafael Martínez (1915)

Historia

Ya sabemos de la intensa dedicación de Rafael Martínez en favor de la enseñanza racionalista, laica y obrera en el seno del socialismo madrileño. Pues bien, en julio de 1915 publicó un artículo sobre la relación entre socialismo y democracia, que queremos glosar, dentro de la serie de trabajos que estamos dedicando a aspectos teóricos del socialismo.

 

Frente a los críticos del socialismo Martínez afirmaba que entre el socialismo y la democracia no podía existir conflicto alguno; es más, eran palabras sinónimas.

Si la democracia era el gobierno del pueblo por el pueblo, es decir, la intervención del pueblo en el gobierno y administración de un país, eligiendo libremente sus representantes, y el socialismo, en su desarrollo e intervención en los organismos del “régimen burgués”, elegía sus representantes por “antevotación”, y en su forma científica de organización en la futura sociedad colectivista, las entidades de producción, transporte, cambio, etc, habían de ser dirigidas y administradas por delegados que nombrasen las asambleas generales era imposible afirmar que el socialismo no era una democracia pura.

Es más, el régimen individualista estaba, “por razón natural”, aunque no por derecho, en conflicto con la democracia.

A pesar de las constituciones y las leyes modernas, afirmaba nuestro maestro, con las que se enmascaraba el régimen burgués, su organización o constitución económica era incompatible con la democracia.

Para Martínez lo peor no era que en el régimen individualista predominara el mérito del individuo que por distintos motivos destacase sobre los demás, sino que a la sombra de esos méritos predominaba el fraude, el latrocinio, lo inmoral, los sinvergüenzas, en fin. Los que se daban buena maña para adquirir fortunas en perjuicio de los débiles e ignorantes lo hacía también a costa de la honradez y moralidad de los hombres de talento.

Esos “vivos cargados de oro” formarían la aristocracia del dinero, y eran los que gobernaban y administraban o ejercían su influencia económica para que se gobernase según sus intereses.

Los débiles o desheredados no tendrían independencia económica para hacer valer sus opiniones porque estarían supeditados al capital. Esos vivos compraban, además, las conciencias de los menesterosos cuando querían ejercer sus derechos de ciudadanía, o ejercían presión para adulterar el voto.

El ejercicio pleno de la democracia solamente se podría ejercer cuando se podía disfrutar de plena independencia económica.

El socialismo, por su parte, basándose en el innato principio de sociabilidad humana, realizaba la misión de asociar a todos los individuos, procurando cohesionar los lazos de solidaridad y más en la práctica que en la teoría, tratando, por lo demás, de disminuir la ignorancia por su apuesta por la educación.

El socialismo no iba contra la civilización porque estimulaba el progreso humano para que todos pudieran disfrutar de las riquezas producidas por la inteligencia humana. Pero, además, a través de la mencionada educación, promovía la paz de los pueblos y estimulaba los sentimientos humanitarios. El socialismo no iba contra la evolución, porque estaba siempre por el perfeccionamiento humano. El socialismo no era retrógrado, porque recogía las ideas para aplicarlas en bien de la colectividad con el fin de que cada miembro de la misma pudiera disfrutar de una vida plena. El socialismo no era, en fin, antidemocrático, porque educaba a los individuos a practicar la verdadera democracia y luchaba para apartar los obstáculos que el mundo burgués planteaba para su desenvolvimiento.

Sobre Rafael Martínez, además de acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español podemos consultar la hemeroteca de El Obrero. El artículo se publicó en el número 2231 de El Socialista.

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