Un análisis socialista español de la Gran Guerra en 1915

Historia

Hace unos años reflexionamos en sendos artículos sobre la posición del PSOE en relación con la Primera Guerra Mundial en el Congreso de 1915 y en el primero de mayo de ese mismo año. Pues bien, seguimos profundizando en esta materia, y en ese mismo año, de la mano de Juan Relinque Esparragosa, a la sazón redactor de El Socialista, donde firmaba con el pseudónimo de “Enrique Luján”, y que con el tiempo sería un estrecho colaborador de Largo Caballero en el Ministerio de Trabajo.

 

Luján publicó en la primera página del diario socialista del 2 de agosto de 1915 un trabajo con el título de “La Tragedia Europea”, cuando se cumplía un año de guerra. Para el redactor, la Guerra Mundial suponía una amenaza para todas las formas de vida existentes hasta el momento, y aseguraba que surgiría un mundo distinto después. En estos cambios, derrumbamientos y contraposiciones se daban, siempre según su opinión, las más “extrañas paradojas e incongruencias”, como quería hacer ver en el balance que presentó de ese primer año.

En primer lugar, expuso que la organización y fuerza militares alemanas, preparadas para la guerra desde la caída de Bismarck (Luján era muy consciente, por lo que vemos, del cambio de política exterior que había supuesto el fin del canciller de hierro y la adopción de la weltpolitik) habían fracasado completamente, a pesar del asombro que causaban. En ese momento estaban peleando contra los rusos a los que vencerían, pero Alemania había violado la neutralidad de Bélgica y Luxemburgo, para vencer a Francia, y libre de este conflicto lanzarse al este. Pero Francia era un enemigo más fuerte en 1915 que en 1914, por lo que los alemanes se limitaban en ese frente a una estrategia defensiva. Luján era conocedor, como todo el mundo, de que el plan alemán de una gran ofensiva en Occidente había fracasado y se había inaugurado una nueva etapa de guerra de posiciones en el conflicto. Pero, además, el periodista socialista español consideraba que los alemanes sabían muy bien que por muchas conquistas que habían realizado en el frente oriental no habían conseguido herir a Rusia en sus centros vitales. En consecuencia, Alemania había realizado el mayor esfuerzo ofensivo que podía realizar, y su poderío militar disminuía con el tiempo frente al poderío militar aliado que aumentaba cada vez más. Alemania estaba constreñida a una guerra defensiva. Y se preguntaba, ¿para eso había preparado el Imperio alemán su formidable fuerza militar? Luján estaba dando la clave de lo que terminaría por ocurrir.

En relación con Francia, nuestro autor afirmaba que allí había dominado un radicalismo político que había descuidado la preparación del pueblo para los sacrificios de la guerra. El país era antimilitarista, relegando a un segundo plano las cuestiones militares, y considerando como muy penoso el servicio militar. Además, había habido una intensa pugna política entre los chauvinistas y los antimilitaristas durante los años (“paz armada”, suponemos) en los que Alemania se preparaba para la guerra. Recordaba el encono que creó la ley de los tres años, y que provocó la tragedia Calmette-Caillaux y el asesinato de Jaurès. La República francesa no aceptó la concepción del socialista francés de una “nación armada”, tildándose a los socialistas de antipatriotas y de traidores a los antimilitaristas. Pero, curiosamente, afirmaba Luján habían sido los socialistas y las organizaciones obreras las que habían hecho posible organizar la defensa nacional luchando con los restos de una organización militar anticuada y defectuosa. El periodista recordaba que no sólo se peleaba en el frente de batalla, sino también en la industria, las comunicaciones, la economía, etc., fundamentales para vencer. Sin citarlo, debemos recordar la importancia del destacado Albert Thomas ya en 1915 en este campo.

Sobre el Reino Unido, el autor recordaba la importancia de su imperio, de su comercio y de su fuerza naval incontestable, que había conseguido proteger dicho comercio y de sus aliados y colonias, aunque también es cierto que recordaba el fracaso de los Dardanelos.

Luján dejó para el final de su análisis a los socialistas que, en su opinión no habían fracasado. Consideraba que la Internacional atravesaba una grave crisis, pero nada más. La gran conmoción de la guerra le había afectado, sin lugar a dudas, pero lo que había provocado, en realidad, era una revisión de valores, asumiendo que se habían producido también en su censo paradojas e incongruencias.

En este sentido, explicaba que los socialistas alemanes, rehusando votar los presupuestos, dejaban hacer la política imperialista, la preparación militar que Alemania había venido haciendo, y el 4 de agosto cuando se disponía a emprender la preparada agresión, los socialistas votaban por vez primera y en pro de los créditos militares, pero engañados, haciéndoles ver que se trataba de una guerra defensiva.

Muy poco antes de estallar la guerra, los socialistas franceses, por su parte, y siempre según el análisis de Luján, y Jaurès muy remarcadamente se oponían a todo aumento militar, y afirmaban su decisión revolucionaria para evitar la guerra.

Cuando la ofensiva alemana había fracasado, cuando Alemania solo podía estar a la defensiva, los socialistas alemanes se habían dado cuenta del engaño y habían comenzado a protestar contra la guerra, negando su cooperación al gobierno. Al mismo tiempo, los socialistas franceses defendían que la guerra se debía llevar hasta el final.

Para Luján todo esto era una incongruencia, este cambio de pareceres de los socialismos alemán y francés. Y, curiosamente, en ese momento era cuando más cerca estaban los socialistas de ambos países desde que la guerra había comenzado, precisamente por la inversión de las dos concepciones. El concepto de guerra hasta el final del socialismo francés era contra el partido imperialista alemán no contra el pueblo, mientras que el socialismo alemán no contribuía a la resistencia que dicho pueblo pudiera oponer. No deja de ser curioso, en nuestra opinión, este análisis.

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