Breve reseña del Gobierno de Negrín

Historia

La caída de Largo Caballero y la formación de gobierno por el socialista Juan Negrín supusieron un giro considerable en la estrategia de la República, que concedería la máxima prioridad a la guerra. Este giro requería un control absoluto de todas las decisiones por parte del gobierno y la necesidad de garantizar los envíos de armamento soviético.

 

Negrín se apoyó en los comunistas por el papel preponderante de la ayuda soviética y porque era el grupo mejor organizado y más disciplinado en la República, además de por su firme decisión de luchar hasta el final, supeditando todo, como cualquier cambio revolucionario, a la victoria sobre los sublevados. Los comunistas ocuparon los puestos clave del ejército popular. El único poder revolucionario que sobrevivía fuera del control gubernamental era el Consejo de Aragón, que fue disuelto de forma contundente en el verano de 1937 por el ejército.

El desarrollo de las operaciones militares en el año 1938 no fue muy positivo, por lo que se plantearon dos posibles estrategias ante la guerra:

-La postura defendida por Negrín y los comunistas, que proponía la continuación de la lucha con la esperanza de que estallara la guerra en Europa entre las democracias y las potencias fascistas, lo que podría cambiar el curso de la guerra en España al integrarse en un conflicto internacional.

-La postura de los que se inclinaban a favor de una negociación de paz con el enemigo, dada la precaria situación militar de la República. Esta postura tenía varios defensores, siendo el más importante de todos ellos, el propio ministro de Defensa, el socialista Indalecio Prieto.

Se impusieron las tesis de Negrín y de los comunistas. Prieto abandonó el gobierno en abril de 1938. Pero la evolución de la guerra era muy negativa para la causa de la República. Tampoco las noticias internacionales eran muy alentadoras: en septiembre de 1938 el fantasma de la guerra se había esfumado, por el momento, con la Conferencia de Múnich. Finalmente, el coronel Casado, jefe del ejército del centro, precipitó el final de la guerra al sublevarse contra el gobierno en marzo de 1939, con la intención de negociar la paz con Franco. Pero Franco solamente aceptaba la rendición incondicional. El 28 de marzo las tropas franquistas entraban en la capital de España, y el primero de abril la guerra terminaba.