El movimiento obrero madrileño frente a la celebración del dos de mayo

Historia

La Sección madrileña de la Internacional publicó un manifiesto contra la celebración de la fiesta del 2 de mayo de 1870. Francisco Mora consideraba en su trabajo sobre la Internacional en España, publicado por entregas en El Socialista a partir de 1894, que se necesitaba mucho valor para oponerse a esa fiesta en aquella época, ya que el peligro era real, como lo demostraría la violencia empleada por la denominada “partida de la porra” al año siguiente contra los trabajadores en la misma festividad.

La proclama estaba dirigida a los trabajadores de Madrid, y comenzaba con un claro llamamiento para no celebrar la fiesta del 2 de mayo. El alegato se basaba en el internacionalismo de la clase obrera frente al patriotismo, realizando una pormenorizada explicación crítica del mismo. El patriotismo sería una idea que tendía a separar a los pueblos entre sí, y a mantener vivo el odio entre los hombres que, siendo hermanos, eran empujados a creer que no lo eran por las autoridades (“tiranos y explotadores”). La idea de la patria era mezquina. La patria del obrero era el taller.

El razonamiento continuaba explicando que los vencedores del presente eran los vencidos del mañana. Además, se intentaba recordar que al lado de los héroes del dos de mayo estaban las víctimas de las atrocidades cometidas por los antepasados, ya en América, ya en los Países Bajos o Italia, en clara alusión a la política imperial española de la época moderna.

La fiesta del dos de mayo alentaba el “odio patriótico” en contra de los hermanos franceses, también extranjeros en su patria, como los españoles en la suya, gracias a cómo estaba organizada la sociedad. Los franceses no eran culpables de los crímenes cometidos por Napoleón.

El manifiesto terminaba con un claro alegato fraternal, defendiendo que las ideas que se enfrentaban a la trilogía de Libertad, Igualdad y Fraternidad era indignas, como injusto era el patriotismo.

Es importante destacar que esta crítica al dos de mayo calaría en el socialismo español posterior, como lo demostraría la contundente oposición a la celebración del centenario del dos de mayo por parte del PSOE, siempre partidario de un calendario festivo alternativo, en línea con lo que defendía y hacía el socialismo europeo.

En este sentido, nada más comenzar el año 1908 El Socialista abrió uno de sus números con un artículo con el significativo título de “No queremos centenarios”, donde se criticaba duramente el antagonismo y el odio entre los pueblos, algo que se mantendría mientras siguiera existiendo el régimen burgués, recordando el origen económico de los enfrentamientos, poniendo como ejemplo el existente entre Inglaterra y Alemania en plena paz armada con su lucha industrial. Los socialistas, además, opinaban que el odio se avivaba más o menos en función de cómo se recordasen los hechos, si se ensalzaban el comportamiento de los héroes y los sacrificios de las víctimas. Las celebraciones avivaban el odio, mientras que se disminuían si los hechos del pasado se quedaban en los libros de Historia.

En consecuencia, los concejales socialistas madrileños llevaban años manifestando su repulsa en el Ayuntamiento a los actos del dos de mayo, y mucho más en ese momento del centenario.

Para los socialistas no valía el argumento empleado por los defensores de la celebración, que consideraban que no se festejaba el odio contra los franceses, sino la libertad y la independencia. Los socialistas consideraban que la mayoría de los españoles ya no veían eso después de tanto tiempo, pero, sobre todo, parecía intolerable que fueran los que ellos consideraban como explotadores los que defendiesen esos valores de libertad y de las virtudes cívicas, cuando eran los que explotaban a la inmensa mayoría del país. Para conseguir esos objetivos de fortalecer las ideas de libertad e independencia había otros medios, otros actos y otras celebraciones, como los que se podrían hacer en relación con el progreso científico o el arte, sin olvidar que los socialistas pensaban que ellos hacían más por esas ideas luchando por conseguir más educación, en su lucha por la consecución de la plenitud de los derechos políticos, y fomentando la solidaridad.

En conclusión, los socialistas no querían mezclarse con los burgueses en esa celebración, y proclamaban que nunca estarían nunca en fiestas que ensalzasen y fomentasen sentimientos de odio o enfrentamiento con habitantes de otros países.

En el número monográfico de El Socialista sobre el primero de mayo se insistió en estas ideas, y, por fin, se hizo una intensa crítica a los actos en sí en la crónica de lo que sucedía, y que en el periódico socialista se denominaba “la semana burguesa”.

Hemos consultado los siguientes números de El Socialista: 482, 484, 1142, 1156 y 1157.

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