La Agrupación de Socialistas Gallegos Refugiados y la representatividad socialista gallega en la guerra civil

Historia

En este trabajo estudiamos un aspecto importante de la relación de la Agrupación de Socialistas Gallegos Refugiados con el Partido Socialista, en la confrontación entre un modelo de autonomía y representatividad socialista gallega por parte de la primera, y otro más reglamentario o estatutario por parte del segundo.

La Agrupación de Socialistas Gallegos Refugiados tuvo como secretario general fue Pedro Longueira Patiño, un destacado sindicalista y miembro de la Agrupación Socialista de Ferrol, y protagonista de la Revolución de octubre de 1934, para ser elegido diputado en 1936. Al parecer, perteneció al ala izquierda del Partido.

Esta Agrupación sacó en 1938 El Socialista Gallego, que dirigió Manuel Cordero, con participación de personajes del socialismo gallego como Ramón Troncoso, Marcial Fernández, Manuel V. Porteiro, entre otros, y que, según Manuel González Probados, fue muy importante para mantener contacto con la emigración y el exilio americanos.

En julio de 1938, la Agrupación solicitó, a través de una carta de 23 de ese mes, y firmada por Longueira, a la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista que se le reconociese el derecho de designar representantes gallegos en el Comité Nacional, al considerar que era la única organización controlada del socialismo gallego. La carta explicaba cómo la represión de los “elementos fascistas” había alcanzado a los representantes socialistas gallegos. Efectivamente, se aludía a Enrique Botana Pérez, miembro del Comité Nacional y diputado fusilado en Pereiró (Vigo) junto con un grupo de dirigentes socialistas. Pero la carta también se refería a Juan Tizón Herreros -miembro del Comité Nacional y alcalde de Monforte de Lemos-, cuyo paradero se desconocía, aunque hoy sabemos que consiguió esconderse y pasar a Portugal donde una familia de Oporto le acogió, adoptando un nombre falso para no ser localizado por la policía, terminando por morir allí en 1945.

La carta tiene, además, su interés, porque repasaba la realidad de la Agrupación, que reunía a los socialistas gallegos que habían podido pasar a la zona republicana. Contaba con 60 militantes en Barcelona, aunque había filiales en Cartagena, Valencia, Cuba y Newark (Estados Unidos), además de una Agrupación Femenina en dicho país, por lo que el número de afiliados ascendería a unos 400.

La Comisión Ejecutiva no tuvo a bien, por cuestiones reglamentarias, aceptar de la petición de la Agrupación. Pero, además, se avisaba a la misma que sus relaciones con otros socialistas gallegos fuera de Cataluña no podía sobrepasar los límites de la correspondencia, ya que la Agrupación estaba circunscrita a dicha región, por lo que las organizaciones en América debían relacionarse directamente con la Comisión Ejecutiva, como hacían otros grupos socialistas en el extranjero.

No gustó nada esta respuesta en la Agrupación, como se trasmitió en una comunicación de 5 de agosto a la Comisión Ejecutiva. En primer lugar, porque si se hubiera aceptado esa propuesta de representación la Agrupación interpretaba que se hubiese podido facilitar el desarrollo de la propaganda socialista entre los gallegos, y tendría posteriores repercusiones en el prestigio de la Agrupación a efectos de su intervención en la Galicia futura.

Pero lo que más dolía era la cuestión de las relaciones con socialistas gallegos fuera de Cataluña. La Agrupación entendía el argumento del reglamento, pero, por otro lado, consideraba que había una contradicción porque el Partido había aprobado el reglamento de la Agrupación donde se incluían estas cuestiones. Además, se aludía a que las circunstancias desbordaban los Estatutos del Partido, como sería el caso de dicha Agrupación, ya que, según sus miembros, tenía un origen distinto a las de otras similares creadas por socialistas de otras regiones, y su finalidad era más amplia. La Agrupación gallega se habría formado, siempre según la misma, por tres tipos de miembros. En primer lugar, se encontrarían los afiliados a Agrupaciones gallegas que se encontraban en zonas leales cuando estalló la guerra; luego estarían los huidos de Galicia, y afiliados o simpatizantes en Galicia, y gallegos pertenecientes a Agrupaciones no gallegas en razón de su anterior residencia. La Agrupación se había creado para acoger a los evadidos que iban llegando o que lograban llegar a países extranjeros, y con el objeto de hacer sentir la influencia socialista en el futuro de Galicia.

En el razonamiento de la Agrupación se aludía a la autonomía gallega, un compromiso adquirido por el Frente Popular. Sería un gran desacierto, por lo tanto, que el Partido Socialista se inhibiese en esta cuestión.

Otro argumento tenía que ver con el desplazamiento de la Agrupación desde Valencia, donde se constituyó por ser sede del gobierno, a Barcelona, quedando compañeros en la primera ciudad como filial, mientras que la de Cartagena existía por la presencia de marinos gallegos de la flota republicana. La filial norteamericana existía porque el gobierno norteamericano no aceptaría un grupo político español.

El siguiente argumento tenía que ver con que los gallegos no eran residentes habituales de ninguno de estos lugares, por lo que parecía aconsejable que mantuvieran un vínculo con la Agrupación.

Los razonamientos de la Agrupación iban encaminados a defender su autoridad como representante del socialismo gallego, y a considerarse como una organización que tenía que influir en el futuro de Galicia, un futuro que tendría que ver con la autonomía gallega, frente al modelo más centralizado que mantenía el Partido Socialista, apelando a lo estatutario. La Agrupación pretendía ser más que una oficina de cotización y expedición de avales, es decir, que debía sacrificarse lo estrictamente reglamentario en el caso gallego.

Hemos consultado la documentación del Archivo de la Fundación Pablo Iglesias con referencia AH-2-19, y el Diccionario Biográfico del Socialismo Español. Además, hemos trabajado con el artículo de Manuel González Probados, “El socialismo gallego en la Segunda República”, en Investigaciones históricas. Época moderna y contemporánea, nº 10 (1990), págs. 373-408, síntesis de su tesis en la Universidad de Santiago, leída en 1988

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