La manifestación femenina por los alquileres en Madrid en 1920

Historia

Las huelgas de inquilinos surgieron a principios del siglo XX en diversas ciudades españolas, aunque, al parecer ya en 1883 en un Congreso de trabajadores de Valencia se llegó al acuerdo de promover este tipo de huelgas para que los propietarios bajaran los alquileres. En los inicios del nuevo siglo aparecen en la prensa y en distintos congresos obreros llamamientos para organizarse con el fin de que se rebajasen los precios de los alquileres. En Barcelona se creó la “Sociedad de inquilinos la Unión”. Dicha organización animaba a los obreros a unirse en todo el país para el fin propuesto, para evitar los desahucios y proponiendo la huelga de inquilinos para conseguirlo. El impago masivo de alquileres se podía convertir en un arma eficaz. Tenemos que recordar que la mayoría de la población española vivía en régimen de alquiler. El acceso a la propiedad es un fenómeno relativamente reciente de nuestra Historia contemporánea. Las primeras huelgas de inquilinos se desarrollaron en Baracaldo y Sestao en 1905, donde se llegó a paralizar la vida en esta importante zona industrial. En 1919 destacó la huelga de inquilinos de Sevilla. Ya en los años treinta se dieron grandes huelgas en Barcelona y Tenerife.

Pues bien, en un nivel un poco más modesto en la primavera de 1920 en Madrid tuvo lugar una manifestación por la subida de alquileres. Efectivamente, el 5 de abril un grupo nutrido de mujeres se presentaron en la Puerta del Sol. Se trataba de las inquilinas de las casas de los números 102, 104 y 106 de la Calle de Embajadores, que protestaban, al parecer, porque la dueña de dichas fincas, de nombre Francisca Fernández, había subido los alquileres tres veces en dos años. Además, los inquilinos eran de condición humilde, familias numerosas de trabajadores.

Las mujeres se agruparon frente al Ministerio de Gobernación con sus hijos en brazos, y lanzaron a gritos contra la actitud de la casera. El Socialista, que recogía en sus páginas la noticia, aludía a que en los últimos tiempos los caseros estaban subiendo los alquileres. En esa época, además, se estaba produciendo una escalada al alza de los precios de los alimentos, de las tarifas de los tranvías y de la luz eléctrica, generando protestas e iniciativas del movimiento obrero. En el caso de los alquileres se denunciaba, además que las viviendas, más bien los “cuartuchos” eran miserables, sin condiciones higiénicas, y donde vivían hacinadas las criaturas, fomentando la propagación de la tuberculosis y de las enfermedades contagiosas.

Una comisión de las manifestantes fue recibida por el subsecretario de Gobernación para escuchar sus quejas, pero el periódico informaba que sin ofrecer esperanza alguna de que sus demandas fueran atendidas.

Los socialistas opinaban que nada de conseguiría si no se comenzaba una vigorosa campaña contra la “rapacidad” de los caseros.

Hemos consultado el número 3479 de El Socialista. El autor de este artículo tiene un trabajo titulado, “Las huelgas de inquilinos” en El Obrero (diciembre de 1917). Se puede consultar, además, el libro, cuya segunda edición acaba de salir, de Manel Aisa Pàmpols, La huelga de alquileres y el Comité de Defensa Económica. Barcelona, abril-diciembre de 1931. Sindicato de la Construcción de CNT, Barcelona, El Lokal, y cuya primera edición es de 2014. También es muy recomendable, aunque para el caso argentino, la monografía de Juan Suriano, La huelga de inquilinos de 1907. Buenos Aires, 1983.

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