Los socialistas españoles ante el triunfo de Roosevelt en 1932

Historia

El socialismo español opinó a través de El Socialista sobre la victoria electoral de noviembre de 1932 de Franklin Delano Roosevelt, que abrió una decisiva etapa como presidente de los Estados Unidos. El objetivo de este artículo es estudiar el análisis socialista, sumamente crítico, del sistema político norteamericano a través de las elecciones y de las de ese año en concreto. El New Deal aún no era conocido, a pesar de que algunas de sus claves se presentaron en la propia campaña electoral.

 

En primer lugar, el diario obrero socialista confirmaba lo que todo el mundo había vaticinado, es decir, el triunfo del candidato demócrata frente al presidente y candidato Herbert Hoover.

La siguiente reflexión tenía que ver con la remoción del personal político republicano por uno nuevo demócrata, como se había hecho en 1928 con el triunfo republicano. Eso se consideraba como un asalto a la Administración, dentro de la legalidad. Los partidos norteamericanos, siempre según esta visión sumamente ácida, se desquitaban de esa manera de los sacrificios realizado durante la costosa campaña electoral. Según el artículo de opinión el gasto de los demócratas había sido muy elevado, pero pronto sería subsanado al hacerse con el poder. La política en Norteamérica era un negocio a gran escala para unos partidos políticos calificados de capitalistas, y que constituirían una especie de turno, es decir, el bipartidismo norteamericano era interpretado desde una clave histórica española. Y, en consecuencia, el proletariado de aquel país nada podía esperar ni de demócratas ni de republicanos, porque ambos luchaban exclusivamente por sus clientelas para disfrutar el poder, al menos durante cuatro años. Los programas de Gobierno apenas diferían, y eran oportunistas, con el único fin de derrotar al adversario. La clase trabajadora era siempre la perdedora. Desde comienzos del siglo XIX dos oligarquías “turnantes del gran capitalismo” se disputaban el poder. Roosevelt era un instrumento de la banca como Hoover, y al final, todos serían “presidentes del hambre”. En este sentido, debemos recordar las profundas diferencias planteadas por el programa demócrata en relación con la crítica situación económica y social del país, como luego comentaremos brevemente.

Siempre según el periódico, la “psicología yanqui” era un arcano para los europeos. Un pueblo, que era paradigma de lo materialmente grandioso, había creado y tolerado aparatos caciquiles colosales, dando lecciones al más desarrollado cacique español. Las elecciones presidenciales eran interpretadas como un ejercicio de nepotismo. El capitalismo había creado una especie de turnismo que no hacía peligrar su dominio, porque ambos partidos, siguiendo con lo que venimos exponiendo, eran dos brazos del “imperialismo”, desde los tiempos de Monroe. Esto no sería posible si el pueblo norteamericano hubiera superado su “puericia política”. El país era todavía muy joven, por lo que no era muy difícil engañar a la opinión pública. En estas elecciones había reaccionado ingenuamente, y esta vez por Roosevelt, porque había prometido la felicidad, haciendo una interpretación extremadamente crítica de lo que sabemos fue la campaña del candidato demócrata, basada en la necesidad de reaccionar, de cambiar de política económica, de hacer cosas frente a la tesis republicana de no intervención pública ante lo que ya era más que una crisis pasajera.

En conclusión, el proletariado norteamericano carecía de conciencia de clase, el quid de la cuestión del artículo. Así se explicaban los pocos votos que los socialistas tenían en Estados Unidos. En este sentido, sabemos que el candidato socialista Norman Thomas no llegó a novecientos mil votos populares en todo el país. Los millones de parados habían votado a Roosevelt. Todavía era pronto para que la clase trabajadora supiese conducirse frente al sistema capitalista.

Hemos trabajado con el número 7414 de El Socialista, de 10 de noviembre de 1932.

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