La acción sanitaria de la Sociedad de Naciones

Historia

Un aspecto no tan conocido como otros de la Sociedad de Naciones fue la labor sanitaria que realizó. La Sociedad contó con una sección de Salud, que desde Ginebra trabajó en distintas partes del mundo, sin olvidar que desde 1907, es decir, antes de la Gran Guerra y la creación de la Sociedad de Naciones, existía una Oficina Internacional de Higiene Pública que registraba los acuerdos sanitarios internacionales. Además, en América se había establecido en 1902 la Oficina Sanitaria Panamericana, ligada la Unión Panamericana. Por fin, desde mediados del siglo XIX se estuvieron celebrando periódicas Conferencias Sanitarias Internacionales.

 

El problema de la sección de la Sociedad de Naciones es que no pudo afirmar una clara autoridad internacional, como lo que terminó pasando con la propia Sociedad.

Afortunadamente, contamos con un material importante para poder conocer parte del trabajo sanitario de la Sociedad de Naciones, hasta finales de los años veinte, de la mano de uno de sus protagonistas. Se trata de la conferencia que impartió el doctor Gustavo Pittaluga, catedrático de Parasitología, hematólogo y académico, en la Casa del Pueblo de Madrid, en abril de 1929. Pittaluga fue un médico italiano, nacionalizado español, una verdadera eminencia en parasitología y hematología, y en la lucha contra el paludismo (malaria), además de ser un importante higienista. También fue diputado por la Derecha Liberal Republicana en las Cortes Constituyentes de 1931. Por fin, Pittaluga perteneció al Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones.

El doctor Pittaluga informaba que desde los inicios de la idea de constituir la Sociedad de Naciones había estado el deseo de crear un organismo internacional que regulase la sanidad en todos los países. Por eso, se había organizado dentro de la misma el mencionado Comité de Higiene, compuesto por técnicos. El primer gran problema internacional que hubo que abordar fue en los años 1922-1923, referido al estado sanitario de Rusia. La inestabilidad generada por la Revolución y la Guerra Civil había provocado un grave problema de salud con la desorganización de los servicios públicos, pero también por la ruptura de las relaciones exteriores. El propio Pittaluga visitó Rusia en 1924, como miembro del Comité de la Sociedad de Naciones, para estudiar la situación. Allí pudo ver los estragos que habían causado las epidemias de peste bubónica, cólera y paludismo. Las estadísticas que el Comisariado Ruso de Salud publicó en 1921 se podrían considerar como aterradoras, ya que plasmaban que había habido dieciocho millones de casos de paludismo en un solo año, con ochenta mil fallecimientos, una cifra muy alta porque, según Pittaluga, el promedio normal de mortalidad en las regiones palúdicas oscilaba entre el 4 y el 6 por mil. Pero Rusia no había podido proveerse de medicamentos para combatir la epidemia porque se encontraba bloqueada, y los países europeos se habían negado a facilitarse las medicinas y provisiones, preocupados, realmente, de otro contagio, el de las ideas revolucionarias. Además, aunque Pittaluga avisó que no quería censurar, informó que la producción de quinina y de las sales derivadas de la misma estaba monopolizada por un trust holandés, y no había producción suficiente, disputando su posesión las naciones poderosas, y eso influyó, lógicamente, en el desabastecimiento de Rusia.

Pero, además, las dificultades por las que atravesaba Rusia y la falta de agua potable desarrollaron otro grave problema, una epidemia de cólera. También había de peste bubónica, de rápida propagación a través de las ratas. Rusia estaba en ruinas, cundía el hambre, caldos de cultivo ideales para la propagación de las mismas.

El Comité de la Sociedad de Naciones decidió intervenir ya en 1922. En este sentido, debemos recordar que la URSS no ingresó en la organización internacional hasta septiembre de 1934. Pues bien, eso no impidió que la Sociedad instalara oficinas técnicas, estaciones higiénicas, y se enviaran comisiones sanitarias. Al parecer, siempre según Pittaluga, estas intervenciones fueron muy beneficiosas para remediar en parte la dura realidad sanitaria rusa. Fueron unas ayudas imprescindibles para los médicos rusos, desbordados, en un ambiente hostil, sometidos a todo tipo de privaciones. El Comité proporcionó materiales, libros, elementos de investigación, etc.. Pittaluga esperaba que cuando se hiciera la historia de todo aquello, especialmente la que escribieran los rusos, se hiciera justicia al Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones.

Otro de los graves problemas sanitarios internacionales que requirió la atención de la Sociedad de Naciones fue el del opio, que Pittaluga calificó de gravísimo, y muy complicado de solucionar por la red de intereses que generaba. En todo caso, se había creado un Comité del Opio, que había elaborado unos estudios de gran calidad, que pensaba darían sus frutos en el futuro, aunque ya se podían avanzar éxitos concretos de la lucha contra los estupefacientes. En este sentido, se había creado en Singapur la Oficina de Higiene, independiente por completo del Gobierno británico. En ese organismo, puesto en marcha por la Sociedad de Naciones, estaban representadas las naciones interesadas en los problemas de las drogas, y su misión era, además, vigilar todos los casos de enfermedades que se producían en el Extremo Oriente, adoptando medidas para evitar su propagación. La Sociedad de Naciones también luchó contra el paludismo y el cáncer, con diversas investigaciones sobre su frecuencia. Por fin, se habían comenzado a estudiar los problemas en las zonas rurales. Pittaluga era optimista en relación con el trabajo sanitario de la Sociedad de Naciones.

Hemos trabajado con el número 6288 de El Socialista del 5 de abril de 1929. Podemos acudir a la hemeroteca de El Obrero para la consulta del artículo de Bahillo sobre nuestro protagonista. Es importante acudir al trabajo de Paul Weinding, “La Fundación Rockefeller y el organismo de salud de la Sociedad de Naciones: algunas conexiones españolas”, en Revista Española de Salud Pública versión on-line, vol 74, enero 2000. También puede interesar el trabajo de Marcos Cueto, Theodore Brown y Elizabeth Fee, “El proceso de creación de la Organización Mundial de la Salud y la Guerra Fría”, en Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, Vol. XXXVIII, nº 69, 2011, en la red. Por fin, existe su artículo sobre su experiencia rusa, «En el país de Troski. Cómo ha visto la Rusia de los soviets un biólogo español», La Voz, 19 de septiembre de 1924,

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