La denuncia socialista sobre la situación de los trabajadores de obras públicas a fines de los veinte

Historia

En la Dictadura de Primo de Rivera se emprendió una destacada política de obras públicas (carreteras, caminos, pantanos, etc.). Además, se promulgó un decreto-ley para determinar todo lo relativo a la regulación laboral y salarial de los trabajadores contratados. En dicha disposición se establecía la obligatoriedad de la jornada laboral de ocho horas, así como la fijación de los salarios mínimos, teniendo en cuenta el tipo medio que se daba en cada región. En la cuestión salarial no se olvidó tampoco el tema de los plazos de cobros, que no deberían exceder los quince días.

 

Pero, como denunciaban los socialistas desde las páginas de El Socialista, este decreto-ley se incumplía, al parecer, sistemáticamente, especialmente por parte de los contratistas, que se aprovechaban del bajo nivel cultural de los trabajadores, ya que la mayoría de los mismos no sabían ni leer ni escribir, y desconocían las leyes sociales, procedentes de un ámbito rural en medio de un ambiente de miseria e ignorancia. La segunda causa de esta situación era que estos trabajadores de muy baja cualificación no pertenecían a sociedades obreras.

Por eso, desde el periódico obrero se pedía que la Administración prestara atención a esta situación a través de los funcionarios técnicos del Estado que intervenían en la ejecución de las obras. Eran los ingenieros jefes de las Oficinas Provinciales de Obras Públicas que, junto con sus ayudantes, debían ejercer una estricta función fiscalizadora sobre los contratistas para impedir los abusos que se estaban, al parecer, multiplicándose, como el periódico conocía por quejas que estaban llegando de distintas partes del país.

El diario insistía en el papel de los ingenieros, unos funcionarios técnicos bien retribuidos por el Estado, que por su posición estaban en el mejor lugar para exigir el cumplimiento de la ley. Había que excitar el celo de estos funcionarios, por lo tanto.

Hemos consultado el número 6382 de El Socialista de 24 de julio de 1929.

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