Pablo Iglesias y la explotación de los obreros intelectuales

Historia

Pablo Iglesias teorizó sobre la explotación que sufrían también los obreros intelectuales en un artículo que sacó en El Socialista en enero de 1924.

 

La tesis era sencilla: al igual que los obreros manuales la burguesía explotaba a los obreros intelectuales. Es verdad que los remuneraba mejor pero no por su capacidad sino porque en muchas ocasiones eran cómplices suyos en la forma en la que se explotaba a los obreros manuales.

Los obreros intelectuales sufrían las mismas fluctuaciones en relación con sus salarios en el mercado laboral donde funcionaban los vaivenes de la oferta y la demanda de mano de obra.

Para Iglesias, socialista clásico, aunque siempre defensor de los derechos de las mujeres, la entrada de éstas en las oficinas y el comercio había obedecido a la idea de abaratar el trabajo, como antes se había hecho en la fábrica y el taller.

La burguesía no era más generosa con los individuos que en el campo de la intelectualidad ocupaban puestos destacados. La mayor parte de estos trabajadores no vivían de forma desahogada, ni contaban con los medios suficientes para hacer trabajos que podían ser muy beneficiosos para todos.

Habría algunos intelectuales, pero pocos, que con el fruto de su trabajo se habrían enriquecido, y menos aún los que habían entrado en el campo del negocio y la especulación, conquistando una buena posición económica, pero, insistía en que eran una minoría, y recordaba personalidades destacadas que no habían hecho fortuna, como Pi y Margall, Eduardo Benot, Giner de los Ríos, Jaime Vera o Pérez Galdós.

Para la burguesía la intelectualidad valía poco, aunque explotaba su trabajo, aplicando sus descubrimientos a todo lo que le proporcionaba beneficios, pero ni lo compensaba debidamente ni lo estimaba en lo que valía. La burguesía con su forma de acaparar riqueza y de gastarla de forma no debida era incapaz de comprender todo lo que valía la Ciencia y el Arte. Los miraba con menosprecio, salvo en lo que le pudiera sacar un beneficio.

Iglesias se refería al Manifiesto Comunista donde Marx y Engels habían afirmado que la burguesía había hecho de estos obreros intelectuales sus servidores asalariados. Las cosas cambiarían, siguiendo a Pablo Iglesias, cuando triunfase el socialismo y la educación y la cultura fueran patrimonio de todos, y la ciencia y el arte pudiesen brillar como no lo habían hecho nunca. El lugar de los obreros intelectuales estaría, como el de los manuales, en las filas del Socialismo.

Hemos trabajado con el número del 19 de enero de 1924 de El Socialista.

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