Los albañiles madrileños con la Conjunción Republicano-Socialista

Historia

En el mitin de la Casa del Pueblo de Madrid que protagonizó Pablo Iglesias con la militancia socialista para explicar la creación de la Conjunción Republicano-Socialista de noviembre de 1909, el viejo líder socialista dedicó una especial atención a los sindicatos.

Consideraba que, aunque era cierto que las sociedades obreras eran organismos económicos, en el fondo había algo que las obligaba a ser también políticas, afirmación propia en el seno del sindicalismo socialista frente al anarcosindicalismo. Los sindicatos, según Pablo Iglesias, necesitaban libertades para vivir y desarrollarse. Así pues, debían apoyar al régimen que más les favoreciese, recordando el momento en el que fueron arbitrariamente suspendidos y cerrados sus locales, en clara alusión a la represión de Maura. En ese momento se encontrarían en un dilema, entre seguir viviendo bajo la Monarquía o en un régimen más democrático y libre como la República. Por eso pensaba que las sociedades obreras no debían vacilar en apoyar la creación de la Conjunción.

Pues bien, unos días después, los albañiles de la Sociedad “El Trabajo” se reunieron en un acto en el madrileño Teatro Barbieri, presidido por Lino Arina, de su junta directiva, para ratificar y sancionar el acuerdo de prestar un incondicional apoyo a la Conjunción Republicano-Socialista.

Intervino, en primer lugar, José Olalla García, perteneciente también a la junta directiva de la Sociedad y un destacado sindicalista en el ramo de la construcción, además de miembro de las Juventudes Socialistas y de la Agrupación Madrileña. Olalla defendió que los albañiles, como el resto de obreros, apoyasen la alianza con los republicanos, empleando el mismo argumento que Pablo Iglesias.

Feliciano Gallego, también miembro de la junta directiva de la Sociedad, empleó el mismo argumento, pero incidió en una cuestión que interesaba especialmente a los ugetistas, el sindicalismo católico. En este sentido, había que apoyar a los partidos políticos para que instaurasen a un régimen que respetasen los derechos de los trabajadores y fueran imposibles los “Patronatos católicos” que trataban de dificultar la obra de mejoramiento y emancipación de los trabajadores. El orador hizo un discurso especialmente crítico hacia los círculos católicos. Pero, además, Gallego quería dejar claro que los sindicatos tenían que estar atentos para observar quien obraba con lealtad en la Conjunción y quien solamente buscaba fines propios, “mezquinos”.

Victoriano Orosa, quien fuera presidente de la Sociedad, y otro destacado sindicalista, explicó que el primer acto de apoyo a la Conjunción tenía que ser en las próximas elecciones municipales, continuando después en todos los demás comicios. Frente a la unión de la derecha, la izquierda debía colaborar, un argumento nuevo en el seno del socialismo español. Recordemos cómo Maura había defendido la unión de la derecha, algo que fue interpretado como un reto por las distintas izquierdas, precipitando la creación de la Conjunción.

García Quejido habló después, recordando que ese acto consagraba cuarenta años de propaganda obrera en favor de la acción política. Recordemos que el histórico socialista, y uno de los fundadores del PSOE, había defendido en el cambio de siglo la alianza con los republicanos, y que, al ser derrotadas sus ideas, dimitiera de sus responsabilidades. García Quejido hizo un alegato en favor de la lucha política. También alabó la serenidad obrera cuando Maura dimitió.

Por fin, Pablo Iglesias insistió en el argumento de la lucha política por parte de los sindicatos, y de cómo en un régimen liberal cuando era débil y, por lo tanto, tendía a la reacción y el despotismo había que luchar por traer la República, empleando la lucha electoral.

La respuesta de la asamblea de los albañiles a favor del apoyo a la Conjunción fue unánime.

Debemos consultar el número 1238 de El Socialista, y el Diccionario Biográfico del Socialismo Español si queremos ahondar en la vida y obra de los albañiles sindicalistas en Madrid.

Artículo publicado en El Obrero

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