La lucha socialista cotidiana en los Municipios: dos casos de 1902

Historia

Como es sabido, los socialistas desarrollaron una intensa labor municipal desde el momento en el que a finales del siglo XIX consiguieron entrar en las Corporaciones, al llegar el reconocimiento del derecho del sufragio universal. El Socialista dedicó duramente mucho tiempo una de sus columnas a esta cuestión, con el significativo título de “Los concejales socialistas”.

 

En este concreto y breve trabajo nos acercamos a dos ejemplos de los muchísimos que se pudieran aducir, sobre aspectos nada desdeñables: la jornada de ocho horas y el salario mínimo para los trabajadores municipales. Nos acercamos al año 1902, y a dos Ayuntamientos muy importantes del norte de España.

En primer lugar, estamos en el Ayuntamiento de Bilbao. En la sesión celebrada el 25 de julio de 1902 se discutió la proposición socialista sobre la concesión o no de la jornada de ocho horas a los obreros municipales. Los concejales socialistas defendieron su propuesta, pero fue combatida por los ediles liberales.

Facundo Perezagua se implicó en el debate con su característica energía, y ante la respuesta combativa de los concejales aludidos (“burgueses” sería el calificativo de la columna periodística), aludió a que los concejales socialistas eran los únicos que defendía al pueblo. Los concejales liberales respondieron airadamente.

Al final, la propuesta socialista no salió adelante por un solo voto: 10 en contra por 9 a favor. El periódico obrero consideraba que los socialistas no se rendirían y volverían a presentar la cuestión hasta que se consiguiera sacar adelante.

Por su parte, la Comisión del Ayuntamiento de Oviedo que entendía sobre la propuesta presentada el primero de mayo por los concejales Builla y Manuel Vigil, uno de los socialistas asturianos más importantes de toda su Historia, para aplicar a los trabajadores municipales la jornada laboral de ocho horas, además del establecimiento de un salario mínimo, aprobó la segunda parte de la misma, pero quedó empatada la primera en la votación. En todo caso, los socialistas eran optimistas y creían que terminaría saliendo esa parte.

Además, Vigil batalló por la supresión del impuesto de consumos, una cuestión en la que los socialistas siempre se empeñaron, como hemos demostrado en varias ocasiones. Vigil presentó una enmienda al informe sobre este asunto para que el Ayuntamiento se dirigiera al Gobierno para la supresión de los impuestos indirectos, y el establecimiento de uno directo sobre la renta o beneficios mayores de 3.000 pesetas, en una clara defensa de una fiscalidad más justa socialmente. Pero la propuesta solamente obtuvo el voto favorable de los dos únicos concejales socialistas; en contra votaron los concejales monárquicos, pero también los republicanos.

Por fin, en este Ayuntamiento el único concejal socialista presente en el momento de la discusión votó en contra de que el Municipio costease festejos con motivo de la visita del Rey.

Hemos trabajado con el número 856 de El Socialista. En diversos artículos de este medio de El Obrero hemos tratado el trabajo socialista municipal, y aportado la más novedosa bibliografía al respecto.

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