El “obrero Albert”
Alexandre Martin Albert (1815-1895), conocido como el “obrero Albert”, fue destacado personaje del movimiento obrero francés en los años treinta y cuarenta del siglo XIX.
Alexandre Martin Albert (1815-1895), conocido como el “obrero Albert”, fue destacado personaje del movimiento obrero francés en los años treinta y cuarenta del siglo XIX.
En el Antiguo Régimen español el principal sector industrial estaba vinculado al taller artesanal en el marco de los gremios urbanos, caracterizados por su escaso nivel tecnológico y con pocos trabajadores, dentro de unas rígidas reglamentaciones.
Alexandre Millerand (1859-1943) fue un destacado abogado y político en la Tercera República Francesa, que tiene su importancia no sólo por su protagonismo en la política, especialmente desde 1898 hasta mediados de los años veinte del siglo XX, sino porque, precisamente el inicio de su participación en un gobierno, presidido por Waldeck-Rousseau, generó un intenso debate en el socialismo internacional.
Los mártires de Tolpuddle fueron seis campesinos de esa localidad, en Dorset, que fueron condenados en marzo de 1834 a siete años de destierros por haber realizado un juramento ilegal en relación con un sindicato, la Sociedad Mutua de Obreros Agrícolas, una organización de Socorros Mutuos, es decir de ayuda mutua entre sus integrantes, pero que tenía componentes de Sociedad de Resistencia, es decir, sindicales.
Los owenistas eran los seguidores de Robert Owen. Al parecer, se pueden distinguir dos sectores entre ellos: el de los obreros, que se organizaron en grupos diseminados, y el de burgueses reformistas, que se dedicaron a escribir y difundir sus propias ideas en la línea de Owen. Entre estos segundos habría que citar a Abram Combe, John Minter Morgan, y al protagonista del presente artículo.
Los Caballeros del Trabajo es el nombre de una organización sindical importante en la Historia del movimiento obrero norteamericano, surgida en 1869, pero que nació como sociedad secreta para evitar la represión. Sus fundadores fueron los sastres de Filadelfia, aunque la organización dio un salto en los últimos años de la década de los años setenta. En esa tarea se empeñó Terence Powderly al pretender que los Caballeros del Trabajo se organizaran a escala nacional, con la posibilidad de que ingresaran también trabajadores no cualificados, inmigrantes, afroamericanos y mujeres, amplios sectores laborales que no se habían podido sindicar hasta el momento. Powderly transformó el secretismo inicial, aunque mantuvo una serie de rituales.
Cuando la Junta Superior Facultativa de Minería publicó la Estadística Minera de España del año 1886, los socialistas emitieron su opinión, recogiendo datos del documento oficial, y realizando una serie de consideraciones, críticas y denuncias.
El tipógrafo Juan Almela Santafé fue uno de los fundadores de la Sociedad Tipográfica de Valencia en 1882, y cuatro años después estuvo en la creación de la Agrupación Socialista de Valencia. En 1889 pasó a residir en Barcelona, teniendo responsabilidad en su Comité durante un tiempo. Tuvo un gran protagonismo en el primer primero de mayo en Valencia. Fue esposo de Amparo Meliá, y padre de uno de los socialistas más destacados en el ámbito intelectual, Juan Almela Meliá. En su casa valenciana residía Pablo Iglesias cuando visitaba la capital levantina. Separado de su esposa, ésta pasaría con su hijo a residir en Madrid con Pablo Iglesias.
Josephine Elizabeth Butler (1828-1906) fue una destacada y polifacética feminista y reformadora social de la época victoriana. En este artículo nos vamos a detener en una de las principales causas en las que se implicó, la lucha contra las leyes sobre enfermedades contagiosas y la prostitución.
En un anterior trabajo estudiamos la situación de los mineros en la Europa occidental hacia 1889 gracias a la información reunida en la Conferencia Internacional celebrada en París en julio de ese año. Se avisaba que solamente Inglaterra y Escocia contaban con una Federación o Asociación general de mineros, aunque el movimiento obrero en la minería alemana era potente. Pues bien, en ese mismo año se creó la Federación de mineros de Alemania en el Congreso celebrado en Dorstfeld, un hecho capital de la Historia del movimiento obrero alemán.
En el presente trabajo detallamos la situación del trabajo en las minas en Bélgica, Inglaterra, Escocia, Francia y Alemania, empleando como fuente los informes que se presentaron en la Conferencia Internacional de Mineros que se celebró entre los días 18 y 19 de julio de 1889 en la Bolsa de Trabajo de París, donde asistieron delegados de estos países. La reunión internacional tuvo como principales fines fomentar la organización sindical de cada país, coordinar acciones y trabajar por la solidaridad internacional de los mineros para evitar ser derrotados en las huelgas y conflictos. Además, se presentó un cuestionario para que los representantes de cada país contestasen acerca de los salarios, la duración de la jornada laboral y las condiciones de explotación que padecían los mineros. La lectura de esta información puede darnos, además, pistas de dónde el movimiento obrero estaba más desarrollado por las diferencias salariales y de condiciones laborales. Sin lugar a dudas, tanto en Inglaterra-Escocia como en Alemania el movimiento estaba más organizado que en Bélgica y Francia.
En un anterior artículo explicamos quien fue José María Albiñana y su Partido Nacionalista Español. Pues bien, en esta nueva entrega estudiamos la opinión que los socialistas tenían de este movimiento, en el verano de 1932, a través de un editorial en El Socialista. Interesa, además, por los comentarios sobre la existencia del fascismo en España hasta el momento desde la perspectiva socialista.
El lema del régimen de Vichy era el siguiente: “Trabajo, Familia y Patria”, frente al de la República, “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. El régimen que presidía Pétain era autoritario, de obediencia absoluta y con algunos preceptos tomados del pensamiento de Charles Maurras, sin olvidar su colaboración en el Holocausto nazi. Se gobernaba por decreto. Las primeras medidas se dirigieron contra la libertad política, ya que se prohibieron los partidos políticos y los sindicatos; también se impuso la censura y se dejó en suspenso el poder legislativo del Parlamento. Este poder sólo podría ser convocado por el jefe del Estado. Pétain pretendía que Francia, la Francia que gobernaba expiase los "pecados" de la Tercera República. La nueva Francia se organizaría en torno a la Legión Francesa de Combatientes, compuesta por veteranos de guerra, y Los Talleres de la Juventud, movimiento juvenil.
El sindicalismo de signo socialista dedicó mucha atención a la necesidad de que las obreras del sector textil en sus distintas variedades y categorías se organizasen para luchar en favor de mejoras salariales y, muy especialmente, contra las duras condiciones laborales que padecían, con jornadas interminables, especialmente aquellas trabajadoras a domicilio donde la explotación era mucho mayor que en fábricas o grandes talleres donde siempre fue más fácil la penetración del sindicalismo, y plantar cara a la patronal. El trabajo a domicilio y también en pequeños talleres de costura fue una suerte de extrema explotación, y donde siempre fue muy difícil desarrollar la conciencia obrera por su aislamiento, especialmente en el primer caso, además de que muchas de aquellas mujeres que trabajaban en sus casas no se veían como tales obreras, como las que lo hacían en las fábricas, a pesar de que no descansaban para poder entregar los pedidos.
La primera formación política española que puede ser considerada como fascista fue el Partido Nacionalista Español, que en el año 1930 creó el doctor José María Albiñana, natural de Enguera (Valencia). Este especialista en enfermedades nerviosas y mentales trabajó en México de donde terminaría siendo expulsado por participar en una campaña contra el presidente Plutarco Elías Calles, que había fundado el PNR, precedente del PRI, teniendo que regresar a España. Fue elegido diputado por Burgos en el año 1933 y también en las elecciones de 1936. En principio, se integró en el grupo de Renovación Española hasta finales del año 1934, para pasar después al grupo del Bloque Nacional de Calvo Sotelo.
El artículo del periodista y político republicano Carlos Esplá en los años cuarenta, titulado “El Plan Berveridge”, publicado en Mundo libre, nos ofrece mucha información sobre Beveridge y su trabajo, pilar del estado del bienestar que se puso en marcha después de la Segunda Guerra Mundial, desde su propia interpretación, un material poco conocido, que vamos a emplear en un conjunto de artículos. En esta primera pieza nos referimos al inventario -así lo denomina Esplá- de seguros sociales que tenía el país (listado elaborado por Esplá), y que el propio Beveridge consideró como muy importante, ya que, en su opinión, y siempre según nuestra fuente española, ningún país había hecho en el mundo un conjunto tan completo en el “campo del seguro social y la asistencia pública”.
Estos eran, según la recopilación de Esplá:
-Sistema de beneficencia parroquial basado en la legislación de pobres de la época preindustrial, especialmente por la Ley de Pobres de la reina Isabel I.
-Seguro contra accidentes de trabajo y enfermedades profesionales.
-Seguro nacional contra el paro obrero, “con excepciones y anomalías en la aplicación de subsidios.
-Seguro nacional contra enfermedades, “incompleto y de limitado campo de acción”.
-Seguro nacional de pensiones para la vejez, viudedad y orfandad. -Régimen de pensiones de jubilación para funcionarios públicos y otras profesiones.
-Sistema de pensiones para ancianos necesitados, fuera del régimen de seguros.
-Sistema de protección a la infancia mediante la entrega gratuita o a bajo precio de algunos alimentos y ropa.
-Sistema de protección de la maternidad. -Sistema de protección a la niñez a través de comedores sociales, colonias, etc.
-Sistema de protección a los ciegos.
-Sistema particular de servicio médico asegurado mediante las mutualidades médicas, las Sociedades de Socorros Mutuos y los Montepíos de las Trade Unions.
-Sistema de seguro de hospitalización mediante iguala, con hospitales públicos o privados, directamente o a través de las mutualidades y montepíos descritos o de agencias particulares.
-Sistema de seguro para gastos de entierro a través de las mismas entidades.
-Sistema de seguro popular vida, muy extendido entre la clase obrera, a cargo de las mismas entidades y especialmente a través de las Industrial Life Office, agencias privadas, sometidas a la inspección del Estado.
-Sistema de asistencia local, pública y privada, instituciones benéficas, etc.
Por otro lado, Esplá se demoró en explicar que eran los seguros de vida en el Reino Unido. Al parecer, eran, como exponía en el listado, muy populares, y la clientela habitual se encontraba entre los obreros industriales. Se pagaba una modesta prima de forma semanal que daba derecho a una cantidad, también calificada de modesta, para la persona beneficiaria a la hora del fallecimiento del asegurado. El seguro se solía destinar para pagar los gastos de entierro. Pero también había otras modalidades de pólizas de seguro, y que se hacían efectivas al transcurrir un tiempo. En este capítulo se encontraban los seguros realizados a los hijos para que pudieran recibir una cantidad cuando cumpliesen una determinada edad para costear estudios o poder casarse, principalmente. Al parecer, ninguna póliza podía superar las 300 libras, y las destinadas a los entierros no solían exceder el coste de los mismos. Esplá explicaba que las Agencias se federaban, y había catorce que eran muy fuertes; en concreto, la “Prudential” era una de las grandes sociedades financieras del Imperio británico. En los Comunes había diputados que eran directores o agentes de estas Sociedades de seguros, lo que demostraba el poder de las mismas. Pero nuestro periodista veía inconvenientes en estos seguros. En primer lugar, informaba que tenían muchos gastos de administración, debido al ingente personal que tenían estas Sociedades entre agentes aseguradores y recaudadores. Y el otro inconveniente era que muchas pólizas prescribían por distintas causas.
Seguiremos trabajando con Esplá y el plan de Beveridge.
Nuestra fuente puede consultarse en la red.
Rescatamos la felicitación de los socialistas de Finlandia a los socialistas españoles por la proclamación de la Segunda República, un nuevo texto en nuestro afán de aportar materiales de este trascendental período de la Historia contemporánea de España:
Hace unos días recordábamos el 120 aniversario de la muerte de Wilhelm Liebknecht a través del particular homenaje que le rindieron los socialistas españoles. Pues bien, en otro aniversario, en agosto de 1930, las páginas de El Socialista, incluyeron un artículo del socialista alemán sobre la misión del socialismo, que pasamos a rememorar en esta nueva pieza en El Obrero. El artículo llevaba el provocativo título de “Los socialistas contra la civilización”.
La contaminación ambiental que padeció Londres en los primeros días de diciembre de 1952 fue un hecho tan impactante y nuevo que puede parecerse, en cierta medida, al que estamos viviendo con la pandemia, aunque con diferencias, como veremos. Murieron miles de personas, y enfermaron muchas más, aunque en relación con las cifras sigue habiendo polémica, pero, en todo caso, fue una tragedia sanitaria de enorme magnitud. La contaminación por el uso de combustibles fósiles para la industria, la calefacción y el transporte no era algo que no se supiera, pero sí fue nueva la magnitud de las consecuencias de la misma.
En distintos trabajos estamos acercándonos a cómo los socialistas abodararon el grave problema de la tuberculosis en las primeras décadas del siglo XX. Hemos visto cómo siempre daban mucha importancia a la dimensión social del problema, como explicó Manuel Cordero en 1929, y unos meses antes, en 1928 cuando reclamaban aún más atención al problema, porque aunque se había hecho mucho, faltaban sanatorios, medios para evitar las recaídas, además de apelar a que la sociedad española se sensibilizase aún más ante lo que suponía esta enfermedad.
Como apuntaba en este mismo medio el historiador Antonio Manuel Moral Roncal, el año 1890 fue terrible en relación con la salud en España, con tres epidemias: gripe, cólera y viruela.
La lucha contra el alcoholismo fue un asunto importante para el movimiento obrero, tanto de signo socialista como anarcosindicalista. Las duras condiciones laborales, con jornadas interminables y embrutecedoras, unidas a las lamentables condiciones de las viviendas generaron un fenómeno muy acusado de alcoholismo. La reclamación de la jornada laborable de ocho horas, pretendía, lógicamente terminar con esas inhumanas jornadas, y permitir que los trabajadores pudieran descansar y desarrollar un tiempo de ocio, pero alejado de las tabernas, por lo que la creación de Casas del Pueblo y Ateneos populares no sólo como sede de organizaciones de resistencia, tiene mucho que ver con la necesidad de que los obreros encontrasen lugares donde instruirse, formarse, socializar, fortaleciendo la solidaridad obrera, y poder desarrollar un ocio saludable. Pero con el tiempo también el socialismo comenzó a comprender que el fenómeno del alcoholismo era más complejo, que tenía más causas y que no sólo afectaba a la clase obrera. Precisamente, este artículo incide en esa complejidad expuesta por uno de los principales líderes socialistas europeos en los años veinte.
El proceso de destrucción del sindicalismo de clase u horizontal por parte del régimen franquista fue previo y paralelo al de la construcción del sindicalismo vertical. En este breve trabajo aportamos las referencias legales de dicha destrucción.
Recordamos en este breve apunte las declaraciones que hizo desde México Indalecio Prieto ante la victoria de los laboristas en 1945, y que recogió El Socialista.
Hace ya unos años en la reseña que Manuel Pérez Ledesma realizó del estudio de Santos Juliá sobre los socialistas en la política española, después de valorar el gran esfuerzo realizado planteó algunas objeciones al libro, y una de ellas tenía que ver con la escasa preocupación que había desarrollado Juliá sobre la influencia internacional en los cambios de estrategia del PSOE, aludiendo a cómo existieron a través de formulaciones de la Segunda Internacional o de los partidos socialistas más avanzados. Así, Pérez Ledesma nos hablaba de cómo el avance electoral del laborismo británico pudo ser para muchos socialistas españoles una alternativa frente al modelo comunista de la Tercera Internacional.